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Amber Barrett busca romper la etiqueta de ‘super–suplente’

La ausencia por sanción de Denise O’Sullivan y Emily Murphy para el duelo de clasificación mundialista del viernes ante Países Bajos, en Páirc Uí Chaoimh, obliga a Carla Ward a mover fichas. Y, entre las que se ofrecen para ocupar un hueco poco habitual en el once inicial de la República de Irlanda, aparece un nombre que nunca se esconde: Amber Barrett.

La delantera de Donegal convive desde hace años con una etiqueta que la persigue: la de “super–suplente”. Un apodo que nació la noche en que firmó el gol que clasificó a Irlanda para el Mundial, en Hampden Park ante Escocia, y que desde entonces se le ha pegado a la piel. Ella lo respeta, pero ya no le basta.

«Esa etiqueta de ‘super–suplente’ lleva mucho tiempo sobre mi cabeza», admite, consciente de que su lucha por un puesto de titular se ha convertido casi en una historia paralela a cada convocatoria. Su última aparición de inicio en un partido oficial se remonta a mayo del año pasado, en la Nations League ante Turquía, a domicilio. Desde entonces, banquillo, paciencia y entradas a contrarreloj.

Opciones para Ward no faltan. Abbie Larkin parte con ventaja lógica para ocupar el lugar de Murphy frente a las neerlandesas, mientras que Saoirse Noonan también empuja fuerte tras otra temporada goleadora con Celtic. Pero Barrett llega con argumentos recientes y contundentes: un tramo final de curso sobresaliente en RC Strasbourg, en la Première Ligue francesa, donde ha firmado cinco goles en seis titularidades desde su llegada en enero.

Es el tipo de racha que convierte una candidatura en algo difícil de ignorar.

Una viajera del gol

Barrett nunca ha sido de quedarse quieta. De Peamount United dio el salto a FC Köln, luego a Turbine Potsdam en Alemania, más tarde a Standard Liège en Bélgica y ahora a Strasbourg. Botas en la maleta y cero miedo al cambio.

Mientras 21 de las 25 jugadoras citadas por Ward militan en clubes de Inglaterra o Escocia, Barrett ha elegido rutas más largas. Asegura que ese camino la ha moldeado, dentro y fuera del campo.

«No sé qué tiene eso de estar lejos de casa y en países distintos, pero me ha encantado esa parte de nuevas culturas y los diferentes tipos de fútbol que he jugado en Alemania, Bélgica y ahora Francia», explica. Cada campeonato le ha ofrecido un registro distinto, un ritmo nuevo, otro tipo de exigencia. Y ella ha ido absorbiéndolo todo.

El resultado se nota en su juego: más recursos, más lectura táctica, más oficio. «El fútbol en cada país es tan diverso que siento que ha ayudado muchísimo a dar forma a mi juego de manera positiva. Trabajar con entrenadores diferentes, con expectativas distintas, aprender nuevos idiomas… lo he disfrutado de verdad. Y por mucho que me encante jugar, la vida es demasiado corta para quedarse siempre en la misma caja», añade.

De suspender idiomas a hablar francés con acento de Donegal

En el colegio, reconoce, los idiomas no eran lo suyo. Pero el fútbol la empujó a salir de esa zona de confort. Siete años después de su primera aventura en el continente, mantiene el sentido del humor: «Hablo francés con acento de Donegal», bromea.

Ese “francés de Donegal” le ha bastado para integrarse en un vestuario que ha llevado a RC Strasbourg a un séptimo puesto sólido en la Première Ligue, en una liga de 12 equipos. Nada mal para un club que solo debutó en la máxima categoría hace dos temporadas.

«Ha sido brillante para mí y creo que ha elevado mis estándares y me ha puesto en otro nivel», reconoce Barrett. No era un paso sencillo: cambiar de país a mitad de temporada, dejar atrás lo conocido de los últimos dos años y medio en Liège, asumir otro idioma, otro estilo, otra ciudad. «Estaba muy agradecida a Liège por todo lo que hicieron por mí, pero sentí que era el momento adecuado para irme», explica.

El impacto de la liga francesa se notó desde el primer día. «La calidad de las jugadoras en la liga francesa es mucho más alta de lo que estaba acostumbrada, así que probablemente las primeras semanas fueron de adaptación». Después llegó el gol. Y con él, el despegue. «En cuanto entró el primero, mi confianza subió».

Lista para lo que venga

Barrett no se engaña: sabe que no siempre recibirá la llamada para ser titular. Pero tampoco se permite caer en la frustración.

«A veces pienso que he tenido un poco de mala suerte al no recibir el visto bueno para empezar», admite. Pero enseguida matiza, dejando claro el código interno que la guía. «Soy de las que, si no me toca salir de inicio, tengo que estar lista para entrar en cualquier momento. No sirve de nada para nadie si voy por ahí con mala cara, porque al final del día no se trata de mí, se trata de todas. Cuando te comportas así, las oportunidades llegan, y nunca dudo de que estaré preparada cuando lo hagan».

El viernes, en Páirc Uí Chaoimh, Irlanda se jugará puntos clave sin dos piezas importantes. El escenario pide carácter, colmillo, alguien que no se asuste ante el peso del momento. Barrett ya demostró una vez, en Hampden Park, que sabe decidir noches grandes saliendo desde el banquillo.

La cuestión ahora es otra: ¿ha llegado por fin la hora de que deje de ser “super–suplente” para convertirse en protagonista desde el primer minuto?