Andy Robertson: De leyenda del Liverpool a nuevo fichaje del Tottenham
En Anfield se marcha un grande. En el norte de Londres aterriza un líder.
El recorrido de Andy Robertson en el Liverpool no necesita adornos: dos Premier League, una UEFA Champions League, una FA Cup, dos League Cup y un FIFA Club World Cup. Lo ganó todo vestido de rojo. Y no como actor secundario, sino como pieza esencial de una era que marcó el fútbol inglés.
En el contexto de la Premier League, no hay debate: es el mejor lateral izquierdo que ha tenido el Liverpool. Cuando se amplía el foco a toda la historia del club, el único nombre que entra realmente en la conversación es Alan Kennedy, el hombre de los goles en finales de Copa de Europa. Es ese nivel de compañía. Ese escalón de grandeza.
El motor inagotable del Liverpool de Klopp
El fútbol de Jürgen Klopp parecía diseñado a medida para el lateral escocés. Intensidad máxima, agresividad, ida y vuelta constante. Robertson interpretó ese libreto como si lo hubiera escrito él.
Subía y bajaba la banda sin descanso, con y sin balón, con la misma voracidad. Su energía se convirtió en el metrónomo físico de un equipo que jugaba a un ritmo que desbordaba rivales. No era solo un lateral: era una declaración de intenciones.
La admiración no se quedó en Inglaterra. Tras un 3-1 en Anfield en diciembre de 2018, el entonces técnico del Manchester United, José Mourinho, se rindió a lo que había visto. Habló de velocidad, de agresividad, de un equipo que jugaba a “200 millas por hora” y remató con una imagen que se quedó grabada: estaba “cansado solo de mirar a Robertson” y sus sprints de 100 metros “cada minuto”. No era hipérbole gratuita. Era la descripción de un futbolista que exprimía cada jugada.
Los números sostienen la impresión. En la temporada 2020/21, Robertson recorrió 389,3 kilómetros en Premier League, la segunda mayor distancia para un lateral, solo por detrás de Luke Ayling. Entre 2019 y 2022 lideró durante tres cursos consecutivos la tabla de sprints entre los laterales de la liga. No era solo resistencia: era repetición de esfuerzos explosivos, una y otra vez.
La jugada que mejor resume su carácter no acaba en un gol, sino en una ovación. Enero de 2018, un 4-3 frenético ante el Manchester City. En apenas 13 segundos, Robertson persigue y presiona a Bernardo Silva, Kyle Walker, John Stones, Ederson y Nicolás Otamendi en una carrera descomunal, sin concesiones. Un sprint continuo que se convirtió en una de las acciones defensivas más icónicas de la Premier League. En Anfield entendieron que aquel lateral no solo corría: contagiaba.
Un lateral que produce como un mediapunta
Su legado no se limita a la intensidad. Robertson ha redefinido lo que significa ser un lateral ofensivo en la Premier League moderna.
Solo dos laterales han firmado 10 o más asistencias en tres temporadas distintas: Trent Alexander-Arnold y él. Lo lograron en 2018/19, 2019/20 y 2021/22, convirtiendo las bandas del Liverpool en una doble autopista de producción ofensiva.
Desde su llegada procedente del Hull City en el verano de 2017, por unos 8 millones de libras, ningún lateral izquierdo ha sido tan influyente en ataque en la liga. Lidera el ranking de su posición en toques en el área rival, ocasiones creadas, grandes ocasiones generadas y pases exitosos que terminan en el último tercio del campo. Acumula 56 asistencias, la cifra más alta para un lateral izquierdo en la historia de la Premier League.
Solo Lucas Digne le supera en centros en jugada a balón corrido completados desde la izquierda, pero en volumen total de centros abiertos también manda Robertson. Es un lateral con cifras de extremo y lectura de juego de centrocampista.
En el contexto global de la liga, el debate es inevitable: ¿es el mejor lateral izquierdo que ha visto la Premier League? El nombre de Ashley Cole aparece como referencia casi obligada, y probablemente el ex de Arsenal y Chelsea conserve todavía el trono. Pero la distancia entre ambos ya es mínima. Robertson se ha instalado en ese escalón reservado a los elegidos.
Por qué el Tottenham se lanza a por él
Con ese currículum, no sorprende que el Tottenham no estuviera solo en la carrera por su fichaje a coste cero, una vez que su contrato con el Liverpool se acercaba al final. El club del norte de Londres ya había intentado reclutarle en enero, pero el movimiento se cayó cuando el Liverpool no pudo recuperar a Kostas Tsimikas de su cesión en la Roma.
Con Roberto De Zerbi en el banquillo, el interés no se enfrió. Al contrario. El técnico italiano insistió en reactivar la operación y, tras resistir el presunto interés de la Juventus, el Tottenham se aseguró a un futbolista de 32 años que llega con algo más que un buen pie zurdo.
En plantilla ya estaban Destiny Udogie y Djed Spence como opciones para el lateral izquierdo. Pero el vestuario carecía de voces pesadas, de referentes con un historial de exigencia diaria y títulos a la espalda. De Zerbi lo resumió con claridad al anunciar el fichaje: Robertson aporta “experiencia, mentalidad y cualidades” y lo definió como “un gran jugador” para el club. Es justo lo que buscaba: alguien que eleve el listón desde el primer entrenamiento.
El escocés es un ganador en serie, habituado a estándares altísimos dentro y fuera del campo, y sabe cómo se construye una cultura competitiva. Para un Tottenham que viene de dos temporadas terminando en la 17.ª posición, ese intangible es casi tan valioso como sus centros al área.
Un veterano que aún marca diferencias
Robertson no llega a Londres como un recuerdo del pasado. A sus 32 años, será el líder de Escocia en el FIFA World Cup 2026 y mantiene un nivel físico y futbolístico más que competitivo.
En la campaña 2025/26 disputó 11 partidos como titular en Premier League con el Liverpool y entró desde el banquillo en otros 13. En todas las competiciones de club sumó 35 encuentros. No son cifras de alguien en retirada, sino de un jugador todavía muy presente en la rotación de un gigante.
Su mapa de calor de la última temporada lo confirma: sigue siendo profundamente ofensivo, ofrece amplitud y equilibrio, y aunque ya no pisa el área rival con la frecuencia de sus mejores años, continúa proyectándose con determinación.
Lo más revelador está en los datos comparativos con los propios laterales del Tottenham en 2025/26. Por 90 minutos, Robertson superó a todos los defensores del club en entradas exitosas, productividad en centros y generación de ocasiones. Jugador por jugador, su impacto ofensivo y defensivo sigue siendo superior.
En pases al área por 90 minutos, firmó 5,07, por delante de Spence (2,67) y Udogie (1,75). En porcentaje de éxito en el tackle, se fue al 75 %, frente al 61,36 % de Spence y el 61,29 % de Udogie. En centros abiertos completados, 0,92 por partido, más del doble que Spence (0,44) y casi el triple que Udogie (0,34). En ocasiones creadas, 1,54 por 90 minutos, por 0,81 y 0,44 respectivamente. No es solo nombre. Es rendimiento actual.
Con ese perfil, tiene argumentos de sobra para hacerse con el puesto de titular nada más aterrizar en el Tottenham Hotspur Stadium.
La pieza que encaja en el tablero de De Zerbi
El fichaje respira lógica deportiva. De Zerbi quiere futbolistas inteligentes, técnicos, capaces de interpretar distintos registros con balón, pero también con determinación y coraje para sostener su idea de juego agresiva y valiente. Robertson encaja en todas esas casillas.
Ofrece salida limpia desde atrás, precisión en el pase al último tercio, centros medidos y una mentalidad competitiva que no se negocia. Es un líder natural, vocal, acostumbrado a exigir y a exigirse. Para un grupo que necesita referentes, su presencia puede cambiar dinámicas de vestuario y hábitos diarios.
El Tottenham no ha firmado al mejor Robertson de su carrera. Ese se quedó en los años de pico físico en el Liverpool. Pero sí ha incorporado a un lateral de clase contrastada, con la personalidad suficiente para elevar el nivel colectivo y con estadísticas que todavía le colocan por encima de lo que tenía el club en su posición.
En un proyecto que busca rearmarse tras dos temporadas al borde del abismo, la pregunta ya no es si Robertson está a la altura del reto. La cuestión es otra: ¿hasta dónde puede llegar este Tottenham si el escocés consigue trasladar a Londres la cultura ganadora que convirtió Anfield en su casa?
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