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Curazao y su camino al Mundial: la historia de Brenet

Curazao sigue figurando en los mapas políticos como parte del Reino de los Países Bajos, pero en el fútbol ya camina con voz propia. Desde 2010, cuando la FIFA reconoció a su selección, la pequeña isla caribeña ha ido tejiendo una identidad competitiva apoyada en una diáspora masiva: miles de curazoleños y sus descendientes se instalaron en los Países Bajos y hoy forman el esqueleto de un combinado que, paradójicamente, casi no nació en casa.

De los 26 jugadores convocados para este Mundial, solo uno vio la luz en la isla. Es, además, su rostro más reconocible: Tahith Chong.

Tahith Chong, emblema de una diáspora

Chong simboliza el puente entre Willemstad y Europa. Formado en la estructura de élite del Manchester United, llegó al primer equipo y disputó 16 partidos oficiales antes de probar fortuna en la Bundesliga con un préstamo al Werder Bremen en 2021, etapa corta y discreta. Hoy, desde el Sheffield United, representa a esa generación de talentos curazoleños que se educaron futbolísticamente lejos del Caribe pero que ahora visten de azul celeste.

No está solo. Seis jugadores de la actual plantilla han pasado por el fútbol alemán: Gervane Kastaneer (1. FC Kaiserslautern), Riechedly Bazoer (VfL Wolfsburg), Roshon van Eijma (Preußen Münster) y dos atacantes con pasado en TSG Hoffenheim, Jürgen Locadia y Joshua Brenet. Es una selección pequeña, pero con un mapa de trayectorias amplio, salpicado de clubes históricos y decisiones que marcaron carreras.

Brenet, del fichaje ilusionante al caso incómodo

La historia más compleja es la de Joshua Brenet. Lateral derecho, formado en el PSV Eindhoven, tres veces campeón de la Eredivisie, internacional absoluto con Países Bajos en dos ocasiones. En 2018, Hoffenheim apostó por él y pagó 3,5 millones de euros, una operación impulsada en buena parte por el entonces joven técnico del club: Julian Nagelsmann, hoy seleccionador de Alemania.

El plan parecía claro. Un lateral con recorrido, experiencia europea y margen de crecimiento. Sin embargo, la realidad se torció desde el inicio. Brenet comenzó en el banquillo los primeros partidos de Bundesliga y el punto de ruptura llegó en la previa del estreno de Hoffenheim en la Champions League ante Shakhtar Donetsk. El defensa se saltó una sesión de vídeo clave. Nagelsmann reaccionó con contundencia: lo dejó fuera de la convocatoria en el debut histórico del club en la competición.

El técnico acabó readmitiéndolo, pero la confianza ya no era la misma. Brenet alternó apariciones esporádicas con largos tramos de irrelevancia. La siguiente etapa fue aún más dura: Alfred Schreuder, hoy asistente de Nagelsmann en la selección alemana, no contó con él ni un minuto. Después, Sebastian Hoeneß lo relegó al equipo reserva, en la Regionalliga Südwest, cuarta categoría del fútbol alemán.

La situación deportiva se mezcló con un problema recurrente: la disciplina. Retrasos constantes, incidentes internos, reputación dañada. Hoffenheim buscó una salida durante meses sin éxito. Solo en 2022, ya sin mercado para un traspaso, el club aceptó rescindir y Brenet se marchó libre al Twente Enschede.

Brilla en el césped, se hunde fuera de él

En Twente, el lateral volvió a recordar al jugador que había llamado la atención de media Europa. Rendimiento alto, peso específico en el equipo, un nuevo impulso a su carrera. Pero el balón no lo tapa todo.

En enero de 2023, Brenet fue detenido dos veces en apenas dos semanas conduciendo sin permiso. Ya había perdido el carnet en 2020 por un delito de conducción bajo los efectos del alcohol. El historial pesaba. El juez fue tajante: “No muestra respeto por la autoridad. Es como si siguiera jugando después de ver la tarjeta roja”, sentenció antes de imponerle un mes de prisión en 2024.

No era su primer encontronazo con la justicia. En 2021 ya había recibido una condena condicional con multa y trabajos comunitarios por un caso de violencia doméstica. La pena de cárcel por conducir sin licencia acabaría transformándose en servicios comunitarios tras el recurso, pero Twente decidió cortar por lo sano y rescindió su contrato.

Un nómada a contrarreloj

Sin ancla en los Países Bajos, Brenet inició un periplo acelerado. Fichó por Al-Rayyan, en Catar, donde apenas disputó seis partidos en la temporada 2024/25. Luego, un salto a Escocia para incorporarse al Livingston FC en otoño, etapa breve que desembocó en otro cambio de rumbo: Kayserispor, en Turquía, para la segunda mitad del curso.

Entre viajes, cesiones de confianza y segundas oportunidades, el lateral encontró en la selección de Curazao algo parecido a un hogar. Pese a su largo recorrido por las categorías inferiores de Países Bajos y su debut con la absoluta en la fase de clasificación para el Mundial de 2016, la FIFA autorizó el cambio de federación hacia el país de sus padres.

Desde su estreno con Curazao en 2024, sus números hablan de impacto inmediato: seis goles en 17 partidos. En el último amistoso antes del Mundial, frente a Aruba, arrancó como lateral derecho y volvió a marcar. Un detalle que resume bien su perfil: defensa, sí, pero con instinto ofensivo y un punto de rebeldía en cada aparición.

Un estreno con cuentas pendientes

Este domingo, a las 19:00, Curazao debutará en el Mundial frente a Alemania. Al otro lado, en el banquillo, dos rostros que conocen demasiado bien a Brenet: Julian Nagelsmann y Alfred Schreuder. Los mismos técnicos que un día apostaron por él y luego lo apartaron en Hoffenheim.

El escenario no puede ser más simbólico. Una selección construida desde la diáspora, un lateral marcado por decisiones propias y ajenas, y un estreno mundialista ante el país que fue, durante años, el epicentro de su caída y su reconstrucción.

Curazao llega como outsider. Brenet, como un jugador al que el fútbol siempre le ha ofrecido otra oportunidad. La pregunta es si, esta vez, sabrá qué hacer con ella cuando suene el himno y el balón eche a rodar ante Alemania.