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Escocia se prepara para el Mundial: Atención a Haití

Steve Clarke no compra el susto de última hora. El seleccionador de Escocia llevaba tiempo con la alarma encendida respecto a Haití, mucho antes de que el 4-0 a Nueva Zelanda agitara las previsiones para el Mundial.

La selección escocesa está en New Jersey, afinando detalles antes de su último amistoso ante Bolivia este sábado. Después, ya no habrá red: debut mundialista una semana más tarde en Foxborough frente al combinado caribeño.

Veintiséis años después de su última presencia en una Copa del Mundo, Escocia vuelve al escaparate con una vieja deuda pendiente: superar por primera vez la fase de grupos. Sobre el papel, Haití —dirigida por el francés Sebastien Migne y situada en el puesto 81 del ranking FIFA— aparece como la gran oportunidad de sumar tres puntos en un grupo que completan Marruecos, campeona de la última AFCON, y la siempre temible Brasil.

Ese papel de “rival accesible” se resquebrajó con fuerza en Fort Lauderdale. En el Chase Stadium, Haití arrolló 4-0 a Nueva Zelanda en un amistoso que hizo cambiar de opinión a más de uno. A casi todos, menos a Clarke.

En el Sports Illustrated Stadium, el técnico fue claro al analizar a su primer rival mundialista: “Estuvieron realmente bien la otra noche”. No son palabras de cortesía. Es un aviso.

Clarke apuntó a un vicio muy británico: “Tenemos una costumbre terrible, no solo en Escocia, sino en el Reino Unido en general, de mirar a estas selecciones y pensar que no son muy buenas, o fijarnos en su ranking en el mundo”. Para él, esa lectura es incompleta. “Juegan en otra zona del mundo, así que quizá en su sección sean realmente buenos”.

El amistoso contra Nueva Zelanda reforzó esa idea. “Si los viste jugar la otra noche, fueron mucho mejores que Nueva Zelanda”, subrayó. El retrato que traza de Haití dista del tópico: “Grandes, fuertes, físicos, pero no solo eso… también técnicos. Tienen buenos jugadores que juegan en buenas ligas”.

Nada de condescendencia. “Nunca tuve la ilusión de que fuera a ser un partido fácil, y casi es bueno que algunos hayan visto cómo jugaron el otro día, porque va a ser un encuentro difícil para nosotros”, remató el seleccionador.

Sin freno pese al golpe de Gilmour

La preparación, sin embargo, no ha sido limpia. La victoria por 4-1 ante Curazao dejó una factura dolorosa: la lesión de rodilla de Billy Gilmour, que se pierde el Mundial. Un mazazo para el vestuario y para el plan de juego de Clarke.

Pese a ello, el técnico no contempla levantar el pie ante Bolivia ni reducir la carga de trabajo en los entrenamientos. “¿Quieres que los envuelva en algodón y que no entrenen? Hay que trabajar”, respondió, tajante, al ser preguntado por el riesgo de más lesiones.

Clarke, con pasado en Reading, West Brom y Kilmarnock, reconoció que hay “algún que otro jugador con molestias”, pero nada grave. Y no piensa cambiar la hoja de ruta por miedo: “Las lesiones forman parte del fútbol. Cuando suceden, y más en las circunstancias en las que le pasó a Billy, es muy decepcionante. Todos tenemos que respirar hondo y seguir adelante”.

El mensaje es diáfano: la prioridad es llegar afilados al estreno frente a Haití, no llegar intactos pero faltos de ritmo. “La selección es sencilla. Tenemos que hacer lo que tenemos que hacer para preparar el partido contra Haití”, explicó. Eso incluye repartir minutos y ajustar detalles tácticos: “Los jugadores necesitan minutos. Necesito ver la posición de uno o dos jugadores en el campo”.

Después de Bolivia, Escocia tendrá una semana exacta para pulir lo que quede pendiente. El cuerpo técnico ya ha trazado el calendario: sesiones intensas, análisis específico de Haití y cero concesiones al temor. “Se trata de preparación. No se trata de intentar proteger jugadores ni nada por el estilo”, insistió Clarke.

Escocia vuelve a un Mundial cargada de ilusión, pero su entrenador se encarga de recordar que el primer obstáculo no será un simple trámite caribeño. Si alguien todavía veía a Haití como la “cenicienta” del grupo, el 4-0 a Nueva Zelanda y las palabras de Clarke deberían bastar para borrar esa idea. La pregunta es si la selección escocesa sabrá estar a la altura de esa advertencia cuando el balón eche a rodar en Foxborough.