Irán empata 2-2 contra Nueva Zelanda en un Mundial tenso
La selección de Irán abandonó Estados Unidos a toda prisa apenas unas horas después de su debut en un Mundial marcado por la tensión política, un 2-2 contra Nueva Zelanda que dejó más preguntas que certezas dentro y fuera del campo.
Amir Ghalenoei, su seleccionador, lo resumió con una frase que pesó más que el propio resultado: el equipo fue “ordenado” a regresar de inmediato a su base de entrenamiento en México.
Un empate vibrante, una noche rota
Sobre el césped del SoFi Stadium, en Los Ángeles, el fútbol consiguió, por momentos, imponerse a todo lo demás. Elijah Just golpeó dos veces para Nueva Zelanda, una en cada parte, y obligó a Irán a remar contracorriente desde el inicio.
La respuesta iraní, sin embargo, tuvo carácter y calidad. Primero apareció Ramin Rezaeian, con un remate exquisito con el exterior de la bota en la primera mitad. Después, en el minuto 64, llegó el cabezazo de Mohammad Mohebi, perfecto en el tiempo y en la dirección tras un centro medido del propio Rezaeian. Gol, rugido del estadio y una sensación: Irán se negaba a ser solo un actor secundario en su propio Mundial.
El ambiente acompañó. SoFi se convirtió en una suerte de estadio “neutral” solo en el papel. En la práctica, sonó a Teherán. La comunidad iraní en Los Ángeles —la más numerosa fuera del país— tiñó las gradas de banderas, gritos y contradicciones.
Fuera del estadio, varios centenares de iraníes protestaron contra el gobierno de su país. Dentro, muchos aficionados dieron la espalda al césped durante el himno. Pero cuando el balón echó a rodar, el apoyo a los jugadores fue ensordecedor.
“Fue como jugar en casa”, admitió Mehdi Taremi. Y lo fue durante 90 minutos. Después, la realidad volvió a golpear.
Un viaje exprés y un equipo agotado
Irán había planificado pasar la noche en California para respetar los tiempos básicos de recuperación tras el debut. Nada extraordinario. Nada que no haga cualquier selección en un torneo de este nivel.
Pero el plan saltó por los aires en el vestuario. Según explicó Ghalenoei, el equipo fue informado tras el encuentro de que debía subirse de inmediato a un avión rumbo a Tijuana, a unos 140 kilómetros al sur, para regresar a su campamento base.
“No nos dieron ni tiempo para recuperar”, lamentó el técnico, a través de intérprete. “Después del partido nos dijeron: ‘Tienen que irse inmediatamente’. Es muy importante para nosotros tener tiempo de recuperación, pero se nos pide subir a un avión y volver a Tijuana. Estamos realmente preocupados por eso”.
Ni el seleccionador ni los jugadores saben —o al menos no lo dicen— quién tomó la decisión ni por qué. “Es muy extraño. Parece que otros están haciendo la planificación por nosotros. Las decisiones se toman en otro lugar”, añadió Ghalenoei. El itinerario previsto era sencillo: llegar dos noches antes del partido, dormir en Los Ángeles después del debut y volver al día siguiente al mediodía. Nada de eso se respetó.
El viaje de ida ya había sido un calvario. Taremi relató que el trayecto, habitualmente corto, entre Tijuana y el área de Los Ángeles se convirtió en una odisea de cinco horas entre desplazamientos y controles de seguridad.
Y todo ello sobre una preparación ya muy tocada.
Un ciclo mundialista bajo fuego
El ciclo de Irán hacia este Mundial vive en una tormenta permanente desde que Estados Unidos e Israel iniciaron la guerra contra Irán el 28 de febrero. Entre dudas, presiones y debates internos, la federación iraní decidió finalmente competir, pese a que la FIFA rechazó la petición de trasladar los tres partidos de la fase de grupos fuera de territorio estadounidense.
El equipo ha viajado, entrenado y jugado con un vacío evidente en su estructura. El presidente de la federación, parte del cuerpo técnico de apoyo y responsables de comunicación no obtuvieron visado para entrar en Estados Unidos. Un agujero organizativo que se ha traducido en improvisación, desgaste y, según el propio vestuario, una sensación de desamparo.
“Creo que nuestro equipo es quizá el más oprimido de este Mundial”, llegó a decir Ghalenoei. Taremi fue igual de crudo: “Todo es como un desastre para nosotros”.
Sobre el césped, el cuerpo lo notó. En un partido disputado en condiciones suaves, varios jugadores iraníes sufrieron calambres y problemas físicos. El seleccionador lo atribuyó directamente a la falta de tiempo para adaptarse a los viajes y a una preparación recortada por los obstáculos burocráticos y diplomáticos.
“No hemos tenido tiempo de ajustarnos por los viajes”, explicó. “Muchos jugadores tuvieron calambres, por eso hicimos los cambios. No fue por razones técnicas. Fue por lesiones y calambres”. El cuerpo técnico examinará a los futbolistas, pero el mensaje de Ghalenoei fue claro: los retrasos en las llegadas y ahora la salida forzada sin descanso agravan un escenario ya delicado.
Celebración polémica y abrazo final
El gol de Mohebi no solo encendió el estadio. También encendió las redes. El delantero pareció imitar un gesto de disparo con las manos tras marcar, lo que desató críticas y lecturas políticas. Después realizó el ya famoso gesto de “hielo en las venas” popularizado por D’Angelo Russell en Los Ángeles, antes de cerrar la celebración formando un corazón hacia la grada.
Mohebi negó cualquier intención más allá del fútbol: “Esa celebración viene a la mente y la hice para todos los aficionados. Solo una celebración”, explicó.
Al final, más allá de los gestos, el partido dejó una imagen potente: jugadores de ambos equipos abrazándose, camisetas intercambiadas, y la plantilla iraní recorriendo el perímetro del campo para aplaudir a los miles de aficionados que se quedaron ondeando banderas y rugiendo en la noche californiana. Mientras, Ghalenoei se sentó solo en el banquillo, observando la escena en silencio.
Un grupo abierto y un futuro en duda
El empate, ante una selección situada 65 puestos por debajo en el ránking FIFA, supo a poco en lo deportivo. Irán remontó dos veces, mostró carácter y dejó destellos de fútbol de alto nivel, pero el contexto no le permite demasiados tropiezos.
El grupo queda completamente abierto: Irán, Bélgica, Egipto y Nueva Zelanda suman un punto cada uno tras la primera jornada. Sobre el papel, los dos próximos compromisos iraníes son más duros: Bélgica, en Inglewood el domingo, y después viaje a Seattle para medirse a Egipto.
Dos partidos, dos ciudades, más kilómetros, más controles, más desgaste. Y un equipo que ya siente que juega a contracorriente desde antes del pitido inicial de este Mundial.
“Nos ponen más obstáculos, pero no vamos a dejar que eso nos impida dar lo mejor”, advirtió Ghalenoei, reivindicando también que el 2-2 ante Nueva Zelanda fue “uno de los mejores partidos del Mundial hasta ahora”, un espectáculo que, según él, disfrutaron tanto dentro como fuera del estadio.
El fútbol de Irán ya demostró que puede sostener el ruido que lo rodea. La pregunta es cuánto tiempo podrá hacerlo si cada viaje, cada noche y cada decisión se siguen tomando lejos de su vestuario.
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