Jugar para el Barça: un sueño hecho realidad
Jugar para el Barça es lo máximo. No lo dice cualquiera, lo dice un futbolista que acaba de cruzar una de esas puertas que cambian carreras y biografías. “Jugar para el Barça es lo más grande, conlleva mucha responsabilidad, pero estoy preparado”, confiesa, con una mezcla de respeto y determinación que encaja con el peso de la camiseta.
Sabe perfectamente dónde se mete. “Los jugadores que han llevado esta camiseta antes cargan con mucho peso. No firmas por un club así todos los días, estoy muy ilusionado”. No es una frase hecha: detrás hay años de mirar la camiseta blaugrana desde lejos, de imaginarse algún día en ese vestuario.
El fichaje no fue un proceso largo ni una novela de verano. Todo se aceleró casi de golpe. “Me enteré bastante tarde. Sabía que había conversaciones. En cuanto supe que el Barça era una opción seria, no tuve dudas”. Ni titubeos, ni medias tintas. Para él, la ecuación era simple: “Es el mejor club del mundo. Es un sueño de la infancia y ahora se ha hecho realidad”.
El salto no es solo sentimental, también futbolístico. Llega a un vestuario plagado de talento joven, de ese que marca época si se le da tiempo. “Jugar con Lamine y el resto es emocionante. Son jugadores top, los mejores del mundo. Lo vi cuando jugamos contra ellos”. Ahí empezó a entender de cerca lo que ahora tendrá al lado en el día a día.
Aquel partido en St. James’ Park le dejó una huella especial. El escenario, el ruido, la presión. “Jugar en St. James’ Park es difícil por la atmósfera tan intensa, pero Frenkie y Pedri nos superaron”. Esa confesión es casi una declaración de intenciones: llega al Barça sabiendo quién manda con el balón, sabiendo que ahora formará parte de ese engranaje que un día lo desarmó como rival.
De la grada al césped, del sueño al vestuario, su reto empieza ahora. Y en el Barça no hay tiempo que perder.






