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Kylian Mbappé: ¿El futuro del Real Madrid en crisis?

En el túnel que desemboca en el césped del Bernabéu, los jugadores de Real Madrid pasan cada día junto a una frase de Alfredo Di Stéfano grabada en la pared: «Ningún jugador es tan bueno como todos juntos».

Durante años fue un lema de grandeza compartida. Hoy suena casi como una advertencia.

Un vestuario de estrellas, un equipo en crisis

El club avanza hacia el final de su segunda temporada consecutiva sin un gran título. En un lugar donde el éxito se mide en Ligas y Champions, eso es una eternidad. La grada ha elegido culpables con una precisión quirúrgica: Vinicius Junior, Jude Bellingham, Kylian Mbappé… y también Florentino Pérez, el arquitecto del modelo galáctico moderno.

Los pitos se han convertido en banda sonora habitual. A ellos se ha sumado una sensación de toxicidad interna que dejó al descubierto la pelea en Valdebebas entre Aurelien Tchouameni y Federico Valverde hace apenas unos días. El ruido no se queda en la grada; ya salpica el césped y el vestuario.

En medio de ese ruido, un nombre domina el debate: Kylian Mbappé. El fichaje que el club persiguió durante años. El símbolo de una nueva era que debía consolidar la hegemonía europea tras el doblete Liga–Champions de 2023-24. Hoy, su figura divide, irrita, fascina y genera una pregunta incómoda: ¿ha merecido la pena todo este viaje?

Los números de un depredador

Si se mira solo el ataque, el caso contra Mbappé se desmorona rápido.

Desde que aterrizó en junio de 2024, el francés se ha convertido en el máximo goleador del equipo en La Liga y Champions, con 77 tantos. Se llevó la Bota de Oro en la temporada 2024-25 y, en la presente edición de la Champions, suma 15 goles, una cifra que le deja a las puertas del récord de Cristiano Ronaldo (17 en 2013-14) y prácticamente le garantiza acabar como máximo artillero del torneo.

En la eliminatoria de cuartos ante Bayern Munich, una de las noches que más ha dolido al madridismo este curso, fue de los pocos que estuvo a la altura del escenario: dos goles en los dos partidos, sensación constante de amenaza. El problema es que, esta vez, no bastó.

Los datos ofensivos son incontestables. Mbappé ha marcado casi el doble que cualquier otro compañero desde su llegada y acapara la mayoría de las ocasiones del equipo. Incluso ha rendido por encima de lo esperado: siete goles más de los que dictaría la calidad media de sus oportunidades.

Y, sin embargo, el Bernabéu le pita.

En el siguiente partido en casa tras la eliminación europea, su nombre sonó entre abucheos. No fue el único, pero sí uno de los más señalados. Desde entonces, las críticas han saltado del césped a su vida privada y a su relación con el club.

Viajes, broncas y un ambiente enrarecido

La última semana ha sido un catálogo de fricciones. Una discusión con un miembro del cuerpo técnico en la previa del partido ante Real Betis, el 24 de abril, se convirtió en tema central de conversación en la ciudad deportiva. Fuentes internas describen un clima cada vez más pesado.

También molestó en el club y en parte del vestuario su viaje a Italia con su pareja mientras se recuperaba de una lesión. Sus representantes respondieron con un comunicado rotundo: insistieron en que parte de las críticas nacen de una “sobreinterpretación” de una recuperación “estrictamente supervisada por el club” y que no reflejan el compromiso diario del jugador.

El fuego no se apaga. Se alimenta. Y vuelve a la misma cuestión: con todo lo que costó traerle —años de cortejo, negociaciones fallidas, el famoso “no” de 2022—, ¿está devolviendo Mbappé lo que se esperaba de él?

El peaje táctico de una superestrella

Dentro del club, las dudas no nacen de los goles. Nacen de todo lo demás.

Cuando su fichaje desde Paris Saint-Germain estaba a punto de hacerse oficial, un miembro del cuerpo técnico de Carlo Ancelotti ya señalaba un dato que les preocupaba: sus números sin balón. O, mejor dicho, la falta de ellos.

Hoy, las estadísticas lo confirman con crudeza. Entre todos los jugadores de campo de La Liga, Mbappé es el último —461 de 461— en intentos de entrada “reales” por partido (la suma de entradas ganadas, perdidas y faltas cometidas). Apenas 0,6 por encuentro. También es el jugador del Real Madrid con menos entradas, interceptaciones y recuperaciones de balón por 90 minutos, tanto en Liga como en Champions.

En la mayoría de los partidos, salvo contadas excepciones —algún Clásico, noches puntuales de Champions—, es el que menos se implica en defensa. Para un delantero estrella, eso no es necesariamente un pecado. Pero se convierte en un problema cuando comparte once con otros atacantes dominantes como Vinicius Jr, Bellingham o Rodrygo.

El equilibrio se resiente. Y no solo por el trabajo sin balón.

El embudo de la banda izquierda

Hay otra cuestión que irrita a los analistas del club: la convivencia futbolística entre Mbappé y Vinicius Jr.

Sobre el papel, dos colosos en el mismo lado del ataque prometían devastación. En la práctica, sus movimientos se pisan con frecuencia. Ambos tienden a caer al perfil izquierdo en la fase de creación, a ocupar zonas similares, a pedir el balón al pie en espacios parecidos.

Los mapas de toques lo dibujan con claridad: dos imanes sobre la misma franja. Ha habido chispazos brillantes, sí, pero lejos de esa conexión fluida y natural que Vinicius Jr mantenía con Rodrygo en temporadas anteriores.

El resultado es una pregunta incómoda para la planificación deportiva: ¿quién pensó que dos atacantes dominantes, ambos zurcados al costado izquierdo, eran una solución sostenible a largo plazo?

La producción colectiva invita a la reflexión. En la pasada Liga, el Madrid marcó 78 goles. En la actual, suma 70 con tres jornadas por disputarse. En la 2023-24, sin un ‘9’ claro —con Bellingham como falso nueve y Joselu como recurso desde el banquillo—, el equipo llegó a 87 tantos. Paradójicamente, el ataque parecía más repartido cuando no existía un referente tan absorbente como Mbappé.

La duda se proyecta hacia el futuro: ¿cómo condicionarán las necesidades posicionales de Mbappé a los próximos talentos que vayan llegando? ¿Cuántos perfiles se verán obligados a adaptarse a él?

Liderazgo bajo la lupa

Hay un último capítulo, quizá el más delicado: el del liderazgo.

En un vestuario como el de Real Madrid, una figura como Mbappé no solo debe decidir partidos. También debe marcar el tono en los momentos difíciles. Y esa presencia no siempre ha sido evidente.

Su desembarco llegó después de varios mercados en los que el club lo intentó sin éxito. Florentino Pérez, en su presentación en julio de 2024, habló de un “gran esfuerzo” del jugador por venir. Sin embargo, aquel rechazo público de 2022 dejó cicatriz en la afición. Todavía hay quien se pregunta cuánto ha cedido realmente el francés, convertido ya en el futbolista mejor pagado de la plantilla y todavía sin una Champions con el club blanco.

El contraste entre expectativas emocionales y realidad diaria alimenta el desencanto. Para una parte del madridismo, Mbappé todavía no se ha ganado el derecho a un margen de error que sí se concedió a otros ídolos.

El otro lado del espejo: el factor Cristiano Ronaldo

La historia, sin embargo, ofrece matices. Y el caso de Cristiano Ronaldo sirve como espejo poderoso.

Mbappé sigue siendo uno de los mejores futbolistas del planeta. A pesar de las dudas recientes, pocos descartarían que sea uno de los grandes protagonistas del próximo Mundial con Francia. Ya lo fue en 2018, cuando ganó el título con 19 años, y en 2022, cuando firmó un hat-trick en la final ante Argentina y se quedó a un paso de la gloria.

Cuando Xabi Alonso, en su etapa en el banquillo blanco, le dio un papel más central que a Vinicius Jr en el primer tramo de esta temporada, el francés respondió: se le vio más suelto, más cómodo, más determinante. Es un jugador que rinde mejor cuando se siente protagonista indiscutible, como ocurre con su selección.

Tiene 27 años, está en plena madurez y le restan tres temporadas de contrato. Hay margen para pulir su implicación defensiva, para ajustar automatismos, para que el equipo aprenda a vivir con su magnetismo ofensivo sin perder equilibrio.

En un vestuario que ha perdido voces tan pesadas como Karim Benzema, Toni Kroos o Luka Modric, quizá resulte aún más importante sostener a Mbappé. Le guste a quien le guste, su talento le convierte en un líder de facto.

Fuera del césped también ha mostrado capacidad para manejar el foco. En zonas mixtas e intervenciones públicas suele expresarse con soltura. Tras las acusaciones de Vinicius Jr por insultos racistas del argentino Gianluca Prestianni en un play-off de Champions frente a Benfica, Mbappé salió en defensa de su compañero con un discurso firme y articulado. Prestianni negó cualquier racismo y acabó recibiendo seis partidos de sanción de la UEFA por conducta homófoba, no racista, pero la postura del francés reforzó su imagen de figura de referencia en el vestuario.

Y entonces aparece el recuerdo de Cristiano.

En sus dos primeras temporadas en el Bernabéu, el portugués solo levantó una Copa del Rey. Tardó cinco años en ganar su primera Champions con el club, en 2014, ante Atlético de Madrid en Lisboa. Por el camino hubo episodios enigmáticos, como aquel “Estoy triste y la gente del club lo sabe” en 2012, después de marcar dos goles a Granada y no celebrarlos.

La paciencia, en su caso, cambió la historia del club: cuatro Champions, máximo goleador histórico y un legado irrepetible.

¿Esperar o romper?

Real Madrid se encuentra ahora en ese punto de inflexión con Mbappé. Entre la tentación de exigirlo todo ya y la posibilidad de aceptar que algunas revoluciones necesitan tiempo, ajustes y concesiones colectivas.

Los pitos del Bernabéu, la fragilidad del vestuario, las dudas tácticas en la banda izquierda y el peso de un salario que lo coloca en la cima de la jerarquía interna son factores reales, no simples percepciones. El francés no ha sido, ni de lejos, la solución mágica a todos los problemas.

Pero los goles están ahí. La amenaza constante, también. Y la historia reciente del club demuestra que, a veces, el precio de un genio solo se entiende cuando se mira hacia atrás.

La frase de Di Stéfano sigue presidiendo el túnel: “Ningún jugador es tan bueno como todos juntos”. La cuestión, hoy, es si Real Madrid sabrá construir ese “todos” alrededor de Mbappé… o si decidirá que, por mucho que marque, no merece ser el centro de ese futuro.