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Mourinho y Matarazzo: la lucha por el banquillo del Real Madrid

En el despacho presidencial del Bernabéu se ha abierto un expediente delicado: encontrar sustituto para Álvaro Arbeloa. El nombre que más ruido hace de puertas afuera es el de siempre, José Mourinho. Pero dentro del club, entre informes técnicos y llamadas cruzadas, otro perfil ha ganado muchos adeptos: Matarazzo.

El técnico estadounidense de 48 años, actual entrenador de Real Sociedad, ha seducido a parte de la cúpula blanca con una propuesta de juego fundamentalista en lo táctico, muy moderna y perfectamente alineada con las tendencias actuales de la élite europea. En Valdebebas se valora su capacidad para estructurar equipos, su valentía con el balón y su lectura de los espacios. No es un nombre de impacto mediático. Es un entrenador de proyecto.

Sin embargo, el peso de la historia y del vestuario apunta en otra dirección.

Mourinho, operación encarrilada

En Madrid el respaldo interno a Mourinho es muy fuerte. No se trata solo de nostalgia por el pasado, sino de la convicción de que su figura puede ordenar el ruido que siempre rodea al Real Madrid. Según el periodista belga especializado en mercado Sacha Tavolieri, el acuerdo con el técnico portugués está ya cerrado.

Los tiempos también encajan. El club podría hacer oficial el anuncio la próxima semana, un calendario que encaja con la hoja de ruta de la directiva para planificar la próxima temporada. Mourinho, “The Special One”, tiene una cláusula de rescisión de 3 millones de euros en su contrato con Benfica, firmado hasta 2027. Una cifra asumible para un club del tamaño del Real Madrid, casi una formalidad administrativa más que un obstáculo real.

La operación, sobre el papel, es sencilla: pagar la cláusula, cerrar los últimos detalles contractuales y presentar al entrenador que ya conoce la casa, la presión y la exigencia diaria del Bernabéu.

Matarazzo, el técnico moderno que seduce desde la distancia

Mientras tanto, Matarazzo sigue construyendo su propio prestigio desde San Sebastián. Llegó a Real Sociedad a finales de diciembre de 2025, con el equipo lejos de su mejor versión y con dudas sobre su techo competitivo. El impacto fue inmediato.

El exentrenador de VfB Stuttgart y TSG Hoffenheim reordenó al conjunto vasco, devolvió claridad al plan de juego y empujó al equipo de nuevo hacia la zona alta de LaLiga. No solo mejoró resultados: cambió la sensación. Real Sociedad volvió a parecer un equipo reconocible, agresivo sin balón, valiente con él, capaz de competir de tú a tú con los grandes.

El punto culminante llegó en la Copa del Rey. Bajo su mando, el club conquistó el título y aseguró, con ello, un billete para la próxima Europa League. Lo hizo pese a ocupar actualmente la octava plaza en LaLiga, una posición que en otras circunstancias habría comprometido sus opciones europeas.

Ese giro competitivo ha reforzado la figura de Matarazzo en los despachos del Bernabéu. Su contrato con Real Sociedad también se extiende hasta 2027, igual que el de Mourinho con Benfica, lo que sitúa a ambos en un marco similar de negociación. Pero ahí se acaban las semejanzas.

Admiración sí, cambio de banquillo no

Pese a la buena imagen que proyecta Matarazzo, las informaciones que llegan desde Madrid son claras: su fichaje se considera poco probable. El respeto es máximo, la admiración por su propuesta y sus resultados es real, pero el contexto empuja hacia Mourinho.

Florentino Pérez valora el perfil del estadounidense como una apuesta de futuro, un técnico capaz de liderar un proyecto de largo recorrido. Sin embargo, el momento político y deportivo del club reclama una figura de impacto inmediato, alguien acostumbrado a convivir con el foco encendido cada día. Ahí Mourinho juega con ventaja.

La balanza, hoy, se inclina hacia el portugués. El Real Madrid se prepara para un nuevo capítulo con un viejo conocido en el banquillo, mientras Matarazzo continúa elevando su cotización desde la banda de Real Sociedad.

Si algo deja claro este escenario es que el fútbol europeo ha tomado nota: el estadounidense ya está en la agenda de los gigantes. La cuestión es cuánto tardará uno de ellos en dar el paso definitivo.