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USMNT: Un reencuentro generacional en Chicago

En el corazón de Chicago, entre vestuarios conocidos y recuerdos que pesan, la selección de Estados Unidos vive estos días algo más que una simple concentración previa al Mundial. Es un reencuentro generacional. Un cruce de caminos entre el pasado reciente y el presente que quiere irrumpir en grande este verano.

McKennie, lágrimas, confianza y un viejo guía

Weston McKennie llegó al centro de entrenamiento del Chicago Fire con la sonrisa de siempre, pero con un objetivo claro: volver a ver a un entrenador que le marcó la carrera y la vida. A su lado, Sebastian Berhalter. Ambos, en el mismo lugar, esperando al mismo hombre: Gregg Berhalter.

“Es una gran persona, y no lo digo solo porque [Sebastian está aquí]”, soltó McKennie entre risas al hablar del que fuera seleccionador de la USMNT y padre de su compañero.

Detrás de la broma hay algo mucho más profundo. McKennie no esconde lo que significó Gregg Berhalter en su crecimiento, ni en lo futbolístico ni en lo personal.

“Fui con él con problemas dentro y fuera del campo. He llorado delante de él”, reconoció. “Hemos tenido momentos duros y también increíbles juntos, y será muy lindo poder verlo por aquí, ojalá hoy, simplemente para ponernos al día y recordar cosas. Seguro que me dará algún consejo antes del partido y del Mundial, porque ese es el tipo de persona que es”.

No habla solo un jugador agradecido. Habla uno de los líderes de una generación que Berhalter tomó “cuando eran bebés”, como él mismo define, y que ahora mira al Mundial convertida en bloque adulto.

Berhalter, de “bebés” a hombres

Gregg Berhalter ya no dirige a este grupo, pero sigue vinculado emocionalmente. Es lógico. Recibió a una camada que apenas empezaba a entender qué significaba ser profesional. Ahora los ve llegar con hijos, con carreras consolidadas, con cicatrices y ambiciones de veteranos.

“Creo que hay que recordar que cuando los tomé eran jóvenes, eran bebés, y apenas estaban aprendiendo lo que se necesita para ser atleta profesional”, explicó. “Ahora los veo y son hombres. Tienen hijos, son adultos y saben exactamente lo que significa mantenerse como profesionales. Es algo increíble de ver.

“Acabo de saludarlos y dije: ‘No lo puedo creer, ¡han crecido!’. Creo que estarán listos para este momento. Lo que sé de este grupo es que da un paso al frente en estos momentos”.

La frase suena a despedida larga, pero también a desafío: ahora les toca a ellos demostrar que toda esa madurez se traduce en resultados en un Mundial que marcará a esta generación.

Chris Richards, la cuenta atrás que se complica

Sobre el césped, el viernes dejó una imagen tranquilizadora: Chris Richards calentó con el resto, sin aparentes problemas. Sin embargo, Mauricio Pochettino fue tajante: este fin de semana no jugará.

Para el técnico, la situación mezcla frustración y realidad. El plan inicial se ha ido deshilachando con el paso de las semanas.

“Cuando decidimos la lista, pensábamos que Chris podría jugar la final de la Conference [League] porque habíamos diseñado la convocatoria antes”, recordó. “Había una línea de información en la que pensábamos que podría jugar esa final contra Rayo Vallecano en la Conference League. Estaba en el banquillo, si recuerdan. Después, que quizá estaría contra Senegal. Después, hoy, al final, los plazos se fueron alargando y eso me enfada un poco. No estoy contento porque sabemos que Chris Richards es un jugador importante, claro, todos lo sabemos, pero también lo que decía se basaba en la información que teníamos, y a veces no había claridad.

“Al final, podemos esperar que Chris esté. Pero vamos a encontrarnos con que llega sin competir [un mes] y después tenemos que decidir si está en forma para competir o no. No hay mucho tiempo en el Mundial”.

El mensaje es crudo: la ventana para entrar en ritmo mundialista se hace cada vez más estrecha, y cada minuto de juego perdido pesa más.

El riesgo antes del Mundial: juegues como juegues, pierdes

El tema físico no se limita a Richards. Pochettino admitió que varios jugadores arrastran los típicos problemas de final de temporada. Se rió cuando le pidieron detalles. En general, dijo, el grupo está bien. Pero el amistoso del sábado será un ejercicio de equilibrio permanente.

Para el entrenador, no existe el plan perfecto a las puertas de un Mundial. Si reserva a los titulares, se le acusará de llegar sin ritmo. Si los expone y alguien se lesiona, la crítica será feroz.

“Los haters hoy con las redes sociales nunca van a estar de acuerdo si juegas normalmente con los jugadores o si juegas con el once fuerte para el Mundial”, lanzó. “Si no pasa nada, nadie va a decir nada, buena decisión, pero si pasa algo, dirán que no tengo ni idea.

“Es imposible saber qué necesitamos hacer. Por eso, desde el principio, se trata de preparar de la mejor manera para que todos los jugadores tengan la posibilidad de jugar o competir”.

Es la realidad del fútbol moderno: la conversación se decide a posteriori, con el marcador y el parte médico en la mano.

Alemania en el horizonte, una vieja herida y una nueva oportunidad

En marzo, Pochettino ya había insistido en la importancia de medirse a rivales europeos de nivel. No abundan esas oportunidades para Estados Unidos. Tras derrotar a Senegal, llega ahora un examen de máxima exigencia: Alemania.

“Queríamos jugar contra los mejores en la preparación para este Mundial”, explicó. “Creo que todas las pruebas contra Portugal o Bélgica fueron increíbles porque nos permitieron mejorar y aprender qué no tenemos que hacer y cómo tenemos que afrontarlo de nuevo. Es una gran oportunidad, después de Senegal, este va a ser un equipo hermoso al que enfrentarnos mañana, y se trata de encararlo de la mejor manera posible”.

El duelo tiene también un eco reciente. En octubre de 2023, la USMNT cayó 3-1 ante Alemania, pese a un gol de Christian Pulisic. De los 26 jugadores actuales, 14 estuvieron en aquella derrota en Connecticut.

McKennie no se queda enganchado al pasado, pero tampoco lo borra.

“No recuerdo muy bien la lista de Alemania para ese partido, y no sé cuán similar es a esta”, admitió. “Pero creo que ese partido mostró, obviamente, la calidad que ellos tienen, pero también la calidad que tenemos nosotros. Jugamos un buen partido y tuvimos el potencial para ganarlo también.

“Entramos a este partido con muchos jugadores que no han jugado contra ellos todavía y jugadores que sí. Creo que la nueva energía, el nuevo estilo, las nuevas circunstancias en general de cara a un Mundial… va a ser una gran prueba para nosotros y salimos con la misma mentalidad de siempre”.

La herida de 2023 no se cierra con palabras, pero sí marca el tono: esta vez no se trata solo de competir, sino de demostrar que el techo del equipo está más alto que entonces.

McKennie, comodín de lujo en el centro del campo

En lo personal, McKennie llega a este verano con la mochila llena de confianza. Su temporada con Juventus lo respalda: nueve goles y seis asistencias entre Serie A y Champions League. No fue suficiente para meter al club en la próxima Champions —se quedaron a solo dos puntos del cuarto puesto—, pero el mediocampista aterriza con la sensación de haber dado un paso adelante.

La gran incógnita es dónde explotará mejor esa versión: más cerca del pivote o con libertad para pisar área rival.

“Creo que cualquier jugador puede decir que llegar con buen momento desde el club hace mucho, porque es la confianza que traes, el deseo, las ganas, todo”, explicó. “Creo que el sistema que tiene nuestro entrenador aquí, el tipo de jugador que soy es un jugador que se adapta. Soy el tipo de jugador que puede desempeñar muchos roles, así que soy más un tipo que, donde me necesite, haré lo que me toque hacer.

“Intento dar un paso al frente y ser lo mejor posible para el equipo. Creo que eso es algo que tiene este grupo: nadie es egoísta. Todos están aquí por las razones correctas. Todos están aquí para conseguir una victoria para Estados Unidos, así que es increíble poder venir con confianza y después de una gran temporada individual. Obviamente, mi club no terminó donde queríamos, pero la confianza sigue ahí”.

Entre la versatilidad de McKennie, la madurez de una generación que ya no se ve como “bebé” y un calendario que no perdona errores, la USMNT se asoma a un Mundial sin red. Con Alemania como termómetro inmediato, la pregunta ya no es si este grupo tiene talento. La verdadera incógnita es si está listo para que ese talento pese cuando el margen de error sea cero.