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Angustia familiar de Messi durante el Mundial

Mientras Lionel Messi acapara portadas por sus goles en el Mundial, lejos de los focos su familia libra un partido muy distinto. Su padre, Jorge Messi, de 68 años, se encuentra bajo tratamiento médico por una enfermedad que la familia ha decidido no hacer pública. El hermetismo sobre el diagnóstico ha chocado de frente con la voracidad del rumor, y la familia salió al cruce con un pedido tan sencillo como contundente: humanidad.

En un comunicado difundido por la oficina de prensa del capitán argentino, la familia explicó que Jorge “está atravesando una situación de salud” y que se encuentra “bajo observación médica, recuperándose y evolucionando favorablemente dentro de su condición actual”. No hubo más detalles. Ni diagnósticos, ni plazos, ni partes médicos ampliados. Solo una línea clara: lo que ocurre pertenece al ámbito privado.

El contexto no ayuda. El mismo día en que se difundió el comunicado circularon en Argentina versiones falsas sobre la muerte de Jorge Messi. La familia respondió con dureza: “En momentos como estos, pedimos responsabilidad, prudencia y humanidad. La salud de una persona y la tranquilidad de sus seres queridos no deben ser objeto de especulaciones ni de un interés mediático irresponsable”. Cualquier novedad, remarcaron, será comunicada por ellos mismos.

Lágrimas con nombre y apellido

Las primeras señales de que algo pasaba se vieron en la cancha. Tras el 3-0 de Argentina sobre Argelia en el debut mundialista, Messi habló de “días duros” que no tenían que ver con el fútbol. Acababa de firmar un triplete que lo elevó a la cima de la tabla histórica de goleadores de los Mundiales, igualando a Miroslav Klose con 16 tantos. Sin embargo, el festejo del primer gol fue distinto: lágrimas, rostro desencajado, abrazo largo con sus compañeros.

“¿Mis lágrimas después del primer gol? He tenido días difíciles. No estaba relacionado con el fútbol. Y esas sensaciones venían por eso”, explicó el capitán. Agradeció al plantel, al cuerpo técnico y a toda la delegación por el apoyo en medio del momento personal que atraviesa. El equipo, que vive concentrado en Kansas City a la espera del segundo partido del grupo ante Austria, se ha convertido en una red de contención.

Mientras tanto, la familia expresó su “sincero agradecimiento por las innumerables muestras de cariño, respeto y preocupación recibidas”. Y volvió a marcar un límite: “Solicitamos que se respete la privacidad y la confidencialidad de Jorge y de toda su familia durante este proceso”.

El arquitecto silencioso de una carrera irrepetible

Detrás del futbolista que ha marcado una era, siempre estuvo la figura discreta, pero decisiva, de su padre. Jorge Messi no solo es el hombre que acompañó al joven Lionel a Barcelona a comienzos de los 2000 para una prueba en La Masia. Es, además, quien tomó el rol de representante, negoció contratos y diseñó junto a su hijo una carrera que cambió la historia reciente del deporte.

Desde los primeros acuerdos con Barcelona hasta los traspasos a Paris Saint-Germain e Inter Miami, pasando por la gestión de los derechos de imagen y una cartera de inversiones en inmuebles, hoteles y restaurantes, Jorge fue el gran gestor del universo Messi fuera de la cancha. Una figura clave, siempre en la sombra, en cada giro contractual y cada decisión estratégica.

No todo fue éxito y celebraciones. En 2016, padre e hijo fueron condenados en España por fraude fiscal. La pena, inferior a dos años, evitó la cárcel, pero dejó una marca judicial y mediática que ambos debieron atravesar juntos. Otra batalla, de otro tipo, que también libraron en familia.

Hoy, la preocupación pasa por otro lado. No se trata de cláusulas, ni fichajes, ni récords. Se trata de salud. De un hombre que ha sido sostén, representante y padre, y que ahora ocupa una cama bajo observación médica mientras el hijo más famoso del fútbol intenta sostener el equilibrio entre la máxima exigencia deportiva y la fragilidad de lo íntimo.

En el campamento argentino de Kansas City, Messi se prepara para enfrentar a Austria en Dallas. Afuera, el ruido del Mundial no se detiene. Adentro, la familia pide algo tan básico como escaso en tiempos de redes y primicias: respeto, silencio y humanidad. Y en medio de todo, el jugador que ha acostumbrado al mundo a lo imposible deberá gestionar el desafío más humano de todos: competir al límite mientras su mente viaja, una y otra vez, hacia la habitación donde se recupera su padre.