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Benfica se prepara ante la posible salida de Mourinho

El efecto dominó de los banquillos europeos vuelve a activarse. En el centro, dos nombres pesados: José Mourinho y Marco Silva. Y alrededor, tres clubes que se mueven en silencio pero con decisión: Benfica, Real Madrid y Chelsea, con Fulham tratando de resistir.

Mourinho, de nuevo en la órbita del Bernabéu

Real Madrid ha señalado a José Mourinho como su opción preferida para el banquillo. Ya se han producido conversaciones para explorar el regreso del técnico portugués al Bernabéu, donde ya dirigió entre 2010 y 2013. Trece años después de su primera etapa, el club blanco estudia seriamente reabrir esa puerta.

Benfica, que contrató a Mourinho el pasado mes de septiembre, no quiere ni oír hablar de perder a su entrenador a estas alturas del proyecto. El técnico de 63 años llegó para liderar una reconstrucción y el club entiende que su salida dejaría un vacío difícil de cubrir. Pero en Lisboa también saben cómo funciona el mercado: si el Madrid aprieta, hay que estar preparados.

Y ahí entra Marco Silva.

Marco Silva, el plan B de lujo de Benfica

La directiva de Benfica ha colocado a Marco Silva al frente de su lista de posibles sustitutos si Mourinho acaba aceptando la propuesta del Real Madrid. No se trata de un nombre improvisado: el trabajo del portugués en Fulham ha llamado la atención en toda Europa.

Silva, de 48 años, tomó a Fulham y lo elevó a la Premier League en 2022. Desde entonces, ha logrado consolidar al club en la élite inglesa, algo que no es menor para una entidad acostumbrada a los vaivenes entre divisiones. Sin embargo, el equipo se ha quedado corto a la hora de sostener una candidatura seria a plazas europeas. Compite, incomoda, suma puntos importantes… pero no termina de romper ese techo.

Fulham quiere retenerlo y ya le ha puesto sobre la mesa un nuevo contrato. El entrenador, de momento, no ha tomado una decisión. El dilema es evidente: seguir liderando un proyecto estable en la Premier League o dar el salto a un gigante de su país.

Benfica, actualmente segundo por detrás de Porto en Portugal, le ofrece algo que Fulham no puede garantizarle: la posibilidad real de entrenar en la Champions League. Esa sola palabra pesa. Y mucho.

Chelsea entra en escena

El tablero se complica aún más con la presencia de Chelsea. El club londinense también tiene a Marco Silva en su lista de candidatos para el banquillo, después de despedir el mes pasado a Liam Rosenior.

En Stamford Bridge no tienen prisa. Están dispuestos a esperar hasta el final de la temporada antes de cerrar el nuevo entrenador. El plan es claro: analizar el mercado, medir tiempos y atacar en el momento justo.

En ese análisis, hay un nombre que brilla por encima del resto: Xabi Alonso.

Xabi Alonso, la gran obsesión de Stamford Bridge

Chelsea considera a Xabi Alonso su candidato ideal. El técnico español llevó a Bayer Leverkusen al título de la Bundesliga en 2024, un logro que disparó su cotización en los grandes despachos de Europa.

Pese a ese éxito, Alonso está actualmente sin equipo tras su salida de Real Madrid esta misma temporada. Desde hace al menos tres años, figura en el radar de Chelsea, que ve en él un proyecto de entrenador para liderar un ciclo largo.

El deseo del español apunta a la misma dirección: su próxima aventura, según se entiende en el entorno del técnico, quiere que sea en Inglaterra. Ese detalle alimenta las esperanzas de Stamford Bridge y mantiene viva la opción de que su banquillo termine ocupado por uno de los técnicos más codiciados del continente.

Mientras tanto, su nombre también se ha vinculado a Liverpool, en caso de que el club de Anfield decida poner fin a la etapa de Arne Slot. Otro gigante, otro escenario posible.

Un verano de decisiones

El escenario es claro: si Real Madrid convence a Mourinho, Benfica activará el plan Marco Silva. Si Benfica se mueve, Fulham tendrá que pelear con algo más que un buen contrato para retener a su entrenador. Y todo eso sucede mientras Chelsea espera, con Marco Silva en la recámara, pero con Xabi Alonso marcado en rojo.

Los despachos ya juegan su propio campeonato. La pregunta es quién dará el primer golpe y cuántos banquillos cambiarán de dueño cuando caiga la primera ficha.

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