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Everton y su interés en West Ham en un mercado complicado

El mercado de fichajes se ha abierto oficialmente y en Goodison Park todavía no ha entrado nadie por la puerta. No hay acuerdos cerrados, pero sí mucho ruido. Y buena parte de ese ruido apunta en una dirección muy concreta: el vestuario de un West Ham United recién descendido.

Mientras tanto, en Finch Farm, el primer gran objetivo tiene otro origen. Hayden Hackney, cerebro del Middlesbrough y elegido mejor jugador de la temporada en Championship, quiere vestir de azul. El deseo del centrocampista está claro, pero el traspaso sigue atascado en el punto más delicado: el precio para sacarlo de su club de toda la vida. Everton insiste, Boro resiste. Nadie se levanta aún de la mesa.

En paralelo, el radar del club vuelve una y otra vez a West Ham. No es casual. David Moyes conoce la casa, conoce el perfil de jugador que allí se ha reunido y sabe que son precisamente esos matices —pierna, físico, ritmo— los que le faltan a su plantilla.

West Ham, tentación… y muro

La lógica del mercado dictaba una reacción inmediata tras el descenso de los londinenses: venta de figuras, recorte de masa salarial, reconstrucción. Un banquete para los clubes de Premier League. Pero el guion ha cambiado.

Daniel Kretinsky, que acaba de acordar con la familia del fallecido David Gold la compra de parte de sus acciones para elevar su participación hasta el 43%, ha puesto freno a cualquier idea de desbandada. En una entrevista con The Times, el empresario fue tajante: no necesitan vender por motivos económicos y su único objetivo es regresar a la Premier League de inmediato. Para lograrlo, quiere mantener el bloque.

Su mensaje va dirigido, sobre todo, a esos “key players” que miran de reojo al mercado. Kretinsky insiste en que ya han hablado con todos, que el proyecto es serio, que hay financiación, estrategia y continuidad. En otras palabras: quien quiera pescar en el London Stadium no lo tendrá sencillo.

Dudas en el mediocampo, prioridades en la banda

En este contexto, cada movimiento de Everton se mide al milímetro. El interés por Hackney abre una incógnita: ¿qué pasa entonces con la vieja obsesión de Moyes por Tomas Soucek? El técnico intentó llevarse al checo el verano pasado y el perfil encaja en su libreto, pero con el foco puesto en un mediocentro de futuro como Hackney, esa vía podría enfriarse.

En el lateral derecho, la necesidad es evidente, pero no todo nombre que aparece en los titulares se convierte en objetivo real. Aaron Wan-Bissaka llegó a sonar con fuerza, aunque el club no ha pasado de la fase de sondeo y, según se informó el mes pasado, no se le está persiguiendo de forma activa por ahora.

Por la izquierda, el dibujo cambia. Everton ha sido vinculado con el lateral ofensivo El Hadji Malick Diouf, una opción de corte muy distinto a la fiabilidad defensiva de Vitalii Mykolenko, que la semana pasada amplió su contrato por tres años. Sería una pareja complementaria: uno para contener, otro para morder metros y ofrecer profundidad.

Velocidad por fuera y el sueño de Bowen

Moyes no esconde desde hace tiempo su admiración por Jarrod Bowen. Le conoce, confía en su trabajo sin balón y en su pegada. El capitán de West Ham, sin embargo, se mueve en otra esfera: tendrá pretendientes de peso y su salida, si llega a producirse, no será precisamente barata ni sencilla.

En una escala algo más accesible, aparece el nombre de Crysencio Summerville. El extremo, capaz de romper partidos desde la banda con su velocidad, encajaría como un guante en una plantilla que necesita chispa por fuera. Su reputación se ha disparado aún más tras su buen gol con la selección de Ronald Koeman en el debut mundialista de Países Bajos ante Japón. Cada tanto de este tipo añade ceros al cheque.

El eterno problema del ‘9’

En Goodison Park nadie se engaña: encontrar un delantero centro contrastado es caro, muy caro, y la competencia es feroz. El club está abierto a explorar el mercado de arietes, pero solo si aparece una oportunidad que encaje en la ecuación deportiva y económica.

Ahí entra en escena Taty Castellanos. Según informó The Guardian el fin de semana, el argentino de 27 años podría ser una de esas opciones “de oportunidad”. Llegó a West Ham en enero procedente de Lazio, no pudo evitar el descenso, pero dejó un registro digno: siete goles en 22 partidos. Suficiente para demostrar que tiene gol en un contexto difícil, no tanto como para disparar su precio a niveles inalcanzables.

El problema vuelve al punto de partida: West Ham no está en modo liquidación. Con Kretinsky decidido a blindar a sus hombres importantes para darle a Nuno Espírito Santo una plantilla capaz de subir a la primera a la Premier League, cada negociación se convierte en una pulseada dura.

Everton, mientras, observa, pregunta y espera. El mercado apenas ha levantado la persiana y ya se adivina un verano largo, lleno de nombres, contraofertas y puertas que se abren y se cierran. La cuestión es clara: ¿en qué momento el club de Goodison se atreverá a dar el primer golpe real sobre la mesa?