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Inglaterra sobrevive al Azteca: un triunfo épico ante México

Inglaterra salió viva del Estadio Azteca. No solo con un 3-2 épico ante México y el billete a cuartos de final del Mundial, sino con la sensación de haber pasado por una prueba límite: tormenta eléctrica, retraso en el inicio, una atmósfera abrasadora, una expulsión y un final de partido al borde del colapso.

Thomas Tuchel lo celebró como una noche histórica. Y, al mismo tiempo, cargó con dureza contra el arbitraje.

“Simplemente no es suficiente. Los árbitros no son lo suficientemente buenos. Los cuartos árbitros no son lo suficientemente buenos”, disparó en la BBC. No era una queja de calentón. Era la conclusión de 90 minutos que, en sus palabras, “no parecieron unos octavos, sino una final”.

Un inicio frenético: Bellingham golpea dos veces

El partido empezó tarde, pero arrancó a toda velocidad. Tras una hora de retraso por las tormentas sobre Ciudad de México, el Azteca rugió con el himno de México y se mantuvo encendido desde el primer balón. Inglaterra, lejos de encogerse, mordió.

En el 36’, Declan Rice condujo una contra con autoridad, abrió a la derecha para Bukayo Saka y este dibujó un centro perfecto al corazón del área. Jude Bellingham atacó el espacio y cabeceó el 0-1. Silencio momentáneo en las gradas. Primer golpe inglés.

Ni dos minutos duró la calma. Desde el saque de centro, Inglaterra volvió a castigar. Harry Kane se descolgó, leyó el desorden mexicano y sirvió el pase para que Bellingham, llegando otra vez desde atrás, empujara el 0-2. En apenas 98 segundos, el mediocampista había puesto el partido patas arriba.

México reaccionó. En el 43’, una falta blanda en la frontal permitió a los locales colgar un balón al área. La defensa inglesa dudó, el despeje fue flojo y Julián Quiñones apareció con un derechazo que metió a los de casa en el partido. El Azteca despertó de golpe.

Antes del descanso, Jordan Pickford tuvo que volar. En el 45+3, un cabezazo de Raúl Jiménez buscaba la escuadra. El portero inglés se estiró al máximo y sacó una mano decisiva para evitar el empate. Inglaterra se fue al vestuario con ventaja, pero sin margen para relajarse.

El giro del partido: palo, roja y tormenta arbitral

Nada más volver, Inglaterra rozó el tercero. Un disparo lejano de O’Reilly se estrelló en el poste derecho al 50’. Parecía que el equipo de Tuchel tenía controlado el ritmo, que el tercer gol estaba más cerca que el empate.

Entonces llegó el punto de inflexión.

En el 55’, Jarell Quansah, improvisado lateral derecho, se lanzó a una entrada temeraria. El árbitro australiano Alireza Faghani dejó seguir de inicio, pero el VAR le llamó a la pantalla. Tras revisar la acción, mostró la roja directa. Inglaterra se quedaba con diez y con más de media hora por delante en la altitud del Azteca.

Tuchel no lo disimuló después: estaba furioso con el nivel arbitral, con la gestión del VAR, con la sensación de que cada decisión caía en su contra.

La respuesta de Inglaterra fue inmediata. En el 60’, Anthony Gordon ganó la posición, se plantó ante el portero y fue derribado. Esta vez no hubo debate: penalti claro. Kane asumió la responsabilidad y convirtió con frialdad el 1-3. Con uno menos, pero con dos goles de ventaja, el plan parecía claro: resistir.

El partido, sin embargo, se negó a bajar de intensidad. En el 69’, otro giro. Kane, defendiendo en su propia área, impactó con Brian Gutierrez. Faghani no señaló nada en directo, pero volvió a ser llamado por el VAR. Tras revisar, decretó penalti para México. Jiménez no perdonó. 2-3 y veinte minutos de asedio por delante.

“¿Es esto un error claro y obvio para el penalti de México? Seguro que no, pero el VAR interviene. Le dan la vuelta a una situación en la que ni siquiera había pitado falta. No es suficiente”, insistió Tuchel, aún con la adrenalina en el cuerpo.

Muralla inglesa y un final agónico

Con el Azteca convertido en una caldera y México lanzando centros desde todos los ángulos, Tuchel movió ficha. En el 74’ ordenó un cambio de sistema, cerró con línea de cinco y metió a Dan Burn y Djed Spence para blindar el área. Era el momento de sufrir.

Pickford se adueñó del aire. Cada centro, cada balón dividido, cada envío desesperado mexicano encontraba los puños del guardameta. La defensa, con Burn debutando en un gran torneo, respondió al reto de aguantar bajo la lluvia de balones.

El tiempo añadido se convirtió en una prueba de nervios. Once minutos de prolongación. El Azteca empujando. Inglaterra defendiendo a dentelladas.

En el 90+10, el susto final: John Stones, en su intento de despejar, rozó el autogol y mandó el balón a centímetros de su propio poste. Un suspiro colectivo recorrió la defensa inglesa. Un minuto después, por fin, el pitido final. Inglaterra había resistido.

Tuchel lo resumió con una frase que define el carácter de su equipo: “Estos son los momentos en los torneos en los que encuentras la manera de ganar. Con diez hombres, en la altitud, contra el país anfitrión… es un momento de alegría y una actuación heroica”.

Henderson, la nota amarga de una noche épica

No todo fueron festejos. En plena celebración, Jordan Henderson cayó por encima de las vallas publicitarias y tuvo que ser atendido con oxígeno. La imagen preocupó al banquillo inglés.

La federación confirmó después que el centrocampista no viajará con el resto del grupo a Kansas City. Se quedará en Ciudad de México acompañado por un miembro del cuerpo médico de Inglaterra.

“No está bien. Jordan se cayó y se lesionó la muñeca. Parece realmente mal”, admitió Tuchel. “Es una noche muy especial. Sentimientos mezclados porque estoy exhausto y emocionado, y triste porque Jordan se lesionó y está en el hospital. No encaja con la noche que él no esté con nosotros”.

Un monstruo competitivo camino de Noruega

El triunfo coloca a Inglaterra en cuartos de final, donde le espera Noruega el sábado. Un cruce con un nombre propio: Erling Haaland, autor de dos goles para eliminar a Brasil y encender aún más el cuadro del torneo.

Alrededor de Inglaterra, la pregunta empieza a repetirse: ¿cómo se les gana? Igualaron un partido en contra ante Croacia, remontaron frente a la República Democrática del Congo, sobrevivieron con diez en el Azteca. Cada obstáculo parece alimentar su carácter.

Tuchel reconoce que su equipo todavía puede jugar mejor, que existe una cierta “desconexión” en algunos tramos. Pero la sensación es clara: esta selección se niega a perder. Y en un Mundial, esa tozudez suele separar a los aspirantes de los campeones.

Ahora les espera Haaland, Noruega y otra noche de alto voltaje. Después de lo que ocurrió en el Azteca, ¿quién se atreve a dudar de que Inglaterra volverá a encontrar la manera de sobrevivir?

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