Inglaterra vence a Croacia 4-2 y Declan Rice se preocupa
Inglaterra se llevó un 4-2 vibrante ante Croacia, un estreno de torneo con goles, carácter y un pequeño sobresalto que heló por un momento el ambiente en Arlington: el gesto de dolor de Declan Rice y su posterior sustitución en el minuto 72.
Hasta entonces, el centrocampista había sido uno de los motores del equipo. Firmó una asistencia para Harry Kane y mandó en la medular, pero empezó a perder balones impropios de él y a tocarse la zona baja de la espalda y la parte alta del isquiotibial. Mirada al banquillo, conversación rápida y decisión inmediata.
Thomas Tuchel no dudó.
El seleccionador inglés reaccionó en cuanto vio algo raro en su líder en el centro del campo. Prefirió cortar de raíz cualquier riesgo antes que estirar la cuerda en el primer partido del torneo.
En rueda de prensa, el técnico alemán explicó que Rice había señalado directamente la zona dolorida y que no estaba dispuesto a forzarle. Para Tuchel, si había un momento para protegerle, era ese. Y subrayó el nivel de quien entró en su lugar: Reece James, desplazado al centro del campo, firmó un encuentro notable y sostuvo el plan sin que el equipo perdiera control.
La imagen de Rice cojeando encendió las alarmas, sobre todo porque su estado físico lleva semanas en el foco. Desde el tramo final de la temporada con Arsenal se sabe que el mediocentro ha arrastrado molestias y necesitó infiltraciones en las últimas jornadas mientras el club peleaba por la Premier League y la Champions League.
Esta vez, sin embargo, el propio jugador se encargó de rebajar la preocupación nada más acabar el encuentro. Sonriente, cumplió con sus obligaciones ante los medios y dejó claro que se trata de algo que viene arrastrando desde la segunda mitad del curso, pequeñas molestias que está acostumbrado a gestionar. Habló de una salida por pura precaución y se mostró convencido de estar listo para reaparecer en el siguiente duelo, ante Ghana.
Un descanso, un mensaje y un cambio de marcha
Mientras se analizaba cada gesto de Rice, el partido contaba otra historia: la de una selección que cambió de piel en el descanso.
La primera parte fue un intercambio frenético, con errores atrás y el marcador equilibrado. Inglaterra tenía la pelota, pero no el control emocional del choque. El vestuario al descanso fue el punto de inflexión.
Harry Kane desveló después el contenido del mensaje de su seleccionador. Tuchel pidió al equipo que se liberara, que soltara las cadenas, que se calmara y se atreviera. Un discurso directo: qué es lo peor que puede pasar, salid y enseñad al mundo quiénes somos.
La respuesta fue inmediata.
Inglaterra salió del túnel “a gas completo”, como describió su capitán, y Croacia no encontró antídoto. La presión se adelantó diez metros, las transiciones se aceleraron y, con el marcador a favor, los ingleses gestionaron el ritmo con una madurez que pocas veces se les ha reconocido en grandes citas. Apenas dieron sensación de peligro en contra y castigaron al contraataque.
Hubo un tramo en el que el partido pudo romperse del todo: Inglaterra encadenó ocasiones y, según Kane, llegó a tener una fase en la que pudo marcar “tres o cuatro” goles más. No hizo falta. El daño ya estaba hecho.
Bellingham, Rashford y el golpe sobre la mesa en el Grupo L
En medio de esa avalancha, aparecieron los nombres propios. Jude Bellingham y Marcus Rashford se sumaron a la fiesta goleadora y sellaron un triunfo que coloca a los Three Lions al mando del Grupo L desde la primera jornada.
El segundo tiempo fue un catálogo de lo que este equipo puede ser cuando junta intensidad y talento. Rice, ya desde fuera, elogió la reacción del grupo. Reconoció que la primera parte se sintió peor de lo que realmente fue, condicionada por la forma en que llegaron los goles encajados, pero subrayó el cambio de tono tras el descanso: más agresividad, más energía en la presión, más decisión al ir hacia adelante.
Inglaterra no se limitó a tener la pelota; la usó para hacer daño. La descripción del propio Rice lo resume: un equipo con “un resorte extra” en cada paso, generando ocasiones y obligando al portero croata a firmar varias paradas de mucho nivel para evitar una goleada aún mayor.
El 4-2 final deja algo más que tres puntos. Deja una declaración de intenciones en el arranque del torneo y, a la vez, una advertencia: la salud de su mediocentro más influyente será un termómetro silencioso del futuro inmediato del equipo.
Por ahora, Rice asegura que todo está “bien, bien”. Tuchel habla de una simple molestia controlada. El marcador invita al optimismo. La clasificación, también.
La verdadera respuesta llegará cuando Inglaterra mire de frente a Ghana y se vea obligada a mantener, o incluso elevar, el listón que ha puesto en Arlington. Ahí se sabrá si este arranque ha sido solo un fogonazo… o el inicio de algo mucho más serio.
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