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Johan Manzambi: el centrocampista que brilla en el Mundial

Johan Manzambi no llegó a este Mundial por accidente. Lo había dibujado en su cabeza mucho antes de debutar con Freiburg, incluso antes de escuchar por primera vez el himno de Suiza como internacional absoluto. Su objetivo no era “estar” en 2026. Era irrumpir.

Y lo ha hecho.

El centrocampista de 20 años se ha plantado en el mayor escaparate del fútbol como una de las grandes revelaciones del torneo, con una determinación que desborda para su edad. No vino a rellenar lista. Vino a marcar diferencias.

De revulsivo a imprescindible

Murat Yakin casi no tuvo margen para la duda. En el segundo partido de la fase de grupos, ante Bosnia y Herzegovina, Manzambi saltó desde el banquillo y firmó un doblete que cambió su estatus de inmediato. A partir de ahí, sentarlo era ir contra la lógica.

Su primera titularidad mundialista, frente a Canadá, confirmó las sensaciones: un gol, una asistencia y la impresión de que Suiza había encontrado un motor nuevo en la medular. En la ronda de 32, ante Argelia, volvió a aparecer en el origen del gol, asistiendo en el tanto que abrió el marcador.

Después llegó el frenazo: una lesión de rodilla lo dejó fuera del duelo de octavos contra Colombia, resuelto también con victoria suiza. Su presencia ante la vigente campeona Argentina en cuartos sigue en el aire.

Pero el impacto ya está escrito en los registros: Manzambi se ha convertido en el jugador más joven en alcanzar cinco participaciones de gol en una misma Copa del Mundo desde que existen datos. A los 20 años.

Para muchos sería un techo. Para él, apenas el primer escalón. Su amigo cercano Yann Sturm lo resume con una frase sencilla: “Estoy seguro de que vamos a oír hablar mucho de él en los próximos años”. Nada en el recorrido de Manzambi invita a pensar lo contrario.

Un ascenso a contrarreloj

Su trayectoria reciente es vertiginosa. Desde que dejó Servette en 2023 para unirse a Freiburg, su obsesión por mejorar se hizo evidente para todos dentro del club alemán.

Hay una escena que lo define bien. Tras una sesión especialmente dura con el segundo equipo, que se alargó más de lo previsto, Manzambi se acercó al entonces técnico de Freiburg II, Benedetto Muzzicato, para pedirle que revisaran de nuevo el plan de juego. “No me sentía bien con lo que habíamos trabajado”, le dijo. No buscaba elogios. Buscaba claridad.

“Quiere mejorar cada día”, explica Muzzicato. “Si acaso, hay que frenarlo, no motivarlo”. Esa pulsión interna, que él describe como una “ambición muy sana y positiva”, ha sido el hilo conductor de la carrera del suizo.

Esa mentalidad explica por qué su nombre ya circulaba en las secretarías técnicas europeas antes de que arrancara el Mundial. La temporada pasada fue pieza clave en el Freiburg que alcanzó por primera vez en su historia la final de la Europa League. Su rendimiento le valió seguir la senda de Rayan Cherki y Florian Wirtz, al ser nombrado mejor jugador joven de la competición.

Era su primera campaña completa como titular. Cerró el curso con 13 intervenciones de gol entre todas las competiciones, adornadas con varios misiles desde media distancia, como los que firmó ante Bayern München en la Bundesliga y frente a Braga en Europa League.

Datos que respaldan las sensaciones

El juego de Manzambi se ve. Y se mide.

Su conducción de balón, el control en espacios reducidos y la capacidad de romper líneas con un solo movimiento lo han convertido en un quebradero de cabeza constante para las defensas. Su polivalencia en el centro del campo le permite adaptarse a distintos roles, pero todo en él grita “box-to-box”.

Las cifras en la Bundesliga 2025-26, para su posición, son contundentes. Lideró la liga en conducciones progresivas de más de 10 metros (116), conducciones que acabaron en disparo (13) y faltas recibidas (78), fruto de rivales obligados a pararlo como fuera. Fue segundo en regates intentados (71), regates en campo rival (52) y metros totales ganados en conducción (2.476).

No es un producto acabado. Aún comete errores, aún tiene margen para pulir decisiones. Pero el esqueleto del futbolista está ahí: despliegue, técnica, personalidad. “Supe tras su primer control que era especial”, recuerda Muzzicato. “Su talento natural y comprensión del juego eran evidentes desde el principio. Se veía de inmediato”.

Luego añade algo que los clubes valoran tanto como el talento: “Como persona, es exactamente el tipo de jugador que todo entrenador quiere. Siempre quiere mejorar, hace las preguntas adecuadas y tiene ganas de aprender”.

Newcastle mira a Friburgo

Ese perfil encaja de lleno con la hoja de ruta de Newcastle United. El club inglés ha apostado este verano por futbolistas jóvenes, hambrientos y con margen de crecimiento como eje de su reconstrucción.

Ya han incorporado al extremo Bazoumana Toure desde Hoffenheim por 43 millones de libras y al portero Ewen Jaouen desde Reims por unos 18,5 millones. Además, están cerca de cerrar la llegada del centrocampista Sean Steur desde Ajax en una operación que podría alcanzar los 23 millones. Los tres tienen 20 años o menos.

Tras varios reveses en el mercado en el último año, en Newcastle ha pesado que estos jugadores quisieran dar el salto a St James’ Park. No es solo cuestión de dinero. Es un proyecto que busca convencer por la vía deportiva.

La pregunta es inevitable: ¿seguirá Manzambi el mismo camino?

Freiburg llega fuerte a la negociación. El Mundial ha elevado el valor de su centrocampista y el club alemán no tiene urgencias. Newcastle, por su parte, ha recuperado margen de maniobra dentro de las reglas financieras tras la venta de Sandro Tonali a Tottenham Hotspur, por una cifra que puede llegar a los 100 millones de libras.

El conjunto inglés puede ofrecerle algo que muchos jóvenes valoran más que el salario máximo: minutos reales en la élite, en una liga que expone y acelera carreras.

Un talento con los pies en el suelo

Las próximas semanas se antojan decisivas. Manzambi cambió de representantes antes de la apertura del mercado y ha repetido en varias entrevistas que hablará de su futuro cuando termine el Mundial. Hasta ahora, nada ha desviado su foco del torneo.

Quien lo conoce desde niño no se sorprende. Luigi Pisino, que lo entrenó en la academia de Servette, lo describe como “alguien con los pies en el suelo”. Subraya su humildad y un sistema de valores que no se limita al césped.

Pisino destaca el papel de la familia: su hermano mayor, siempre a su lado, y su padre, figuras que han marcado el carácter del futbolista. “Comparten muchos valores. Lo apoyan, pero no le ponen presión. Para mí, eso es clave, porque vemos que Johan es libre cuando está en el campo y puede mostrar todo su talento”.

Esa sensación de libertad se ha trasladado al Mundial. En un escenario que intimida a veteranos, él ha jugado como si llevara años en este tipo de citas.

Un mercado atento

Newcastle no está solo en esta carrera. Y lo sabe. El club ya ha vivido el giro brusco de un fichaje encarrilado: creía tener cerrado a Victor Munoz cuando Liverpool apareció a última hora para llevárselo desde Osasuna este mismo verano.

La lección ha dejado una mezcla de esperanza y cautela en las oficinas de Tyneside. El interés por Manzambi es real, pero también lo es la competencia.

“Muchos clubes ya han mostrado interés en él”, reconoce Yann Sturm, que también se formó en Freiburg. “Estoy convencido de que dará un gran siguiente paso”.

El siguiente paso, precisamente, es lo que todos esperan. Suiza sueña con tumbar a la campeona del mundo. Newcastle afina sus números. Freiburg protege a su joya. Y en medio de todo, Johan Manzambi, con 20 años y un Mundial a sus espaldas, parece tener muy claro que su plan apenas acaba de empezar.

Johan Manzambi: el centrocampista que brilla en el Mundial