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Melchie Dumornay: De promesa a estrella del fútbol femenino

Cuando GOAL habló con Amandine Miquel a mitad de la primera temporada de Melchie Dumornay en Reims, la entrenadora dejó una frase que sonó a exageración y a verdad incómoda al mismo tiempo: la haitiana estaba “al 30 por ciento de su nivel”.

Cuatro años después, esa sentencia ya no parece tan desmesurada. Más bien suena a diagnóstico preciso de una futbolista que no ha dejado de crecer, curso tras curso, escalón tras escalón, hasta instalarse en la élite absoluta. Y aun así, la sensación es que todavía no hemos visto lo mejor.

Reims, el laboratorio perfecto

El punto de partida de esta historia no es un gigante europeo, sino una pequeña ciudad de la región de Champaña. Reims. Lejos de los focos de Paris Saint-Germain y Lyon, pero con algo que Dumornay necesitaba más que cualquier otra cosa: minutos.

En Haití, cada vez que alguien la paraba por la calle, la pregunta era la misma: “¿Entonces, dónde vas a firmar cuando cumplas 18? ¿Paris Saint-Germain o Lyon?”. Ella ya tenía la respuesta, y no era la que muchos querían oír.

“Sé que puede decepcionar a algunas personas que me vaya a Reims”, admitió entonces. “Pero la gente que sabe de fútbol entenderá mi decisión. Para los demás, está bien. Les demostraré que se equivocan en el futuro”.

En Reims podía jugar, equivocarse, aprender. Miquel lo explicó con claridad: Dumornay sabía que estaría en un campeonato exigente, pero siendo importante, no una suplente más. Dos años bastaron para justificar la apuesta: 39 partidos, 23 goles y la certeza de que aquel “30 por ciento” se estaba ampliando a toda velocidad.

El siguiente paso ya estaba escrito. Lyon. El club que dominó Europa durante una década, la referencia del fútbol femenino francés, el destino soñado. Dumornay ya había pasado por allí a prueba antes de cumplir los 18. Volver como fichaje consolidado era cuestión de tiempo.

La estrella de Haití que no se encoge

Antes de ponerse la camiseta de Lyon en partido oficial, Dumornay ya había dejado claro que el escenario grande no le pesa. El verano de 2023 fue su carta de presentación global.

Con Haití, lideró a una selección histórica. En el torneo de repesca, firmó los dos goles del 2-1 ante Chile que abrió las puertas del primer Mundial femenino para su país. Una clasificación que cambió el relato de todo un programa futbolístico.

En Australia, el sorteo no tuvo piedad: Inglaterra, campeona de Europa; China, campeona de Asia; Dinamarca, subcampeona de la Euro 2017. Tres gigantes. Tres derrotas, sí, pero tres partidos competidos en los que Dumornay brilló siempre.

Ante las Lionesses, el impacto fue tal que los lectores de BBC Sport eligieron a la haitiana, con 19 años, como Jugadora del Partido pese al 1-0 para Inglaterra. No era solo talento. Era personalidad, liderazgo, capacidad para agrandarse cuando el contexto se encoge.

Lyon, tropiezos y ascenso

Su aterrizaje en Lyon no fue un cuento perfecto. Nada más empezar, una lesión de tobillo la obligó a parar más de tres meses. Para muchas futbolistas, un frenazo así en el primer año en un gigante europeo puede convertirse en un muro psicológico. Para Dumornay fue solo un bache.

Regresó a tiempo para el tramo decisivo de la 2023-24 y su impacto fue inmediato: cinco goles y cinco asistencias en 11 partidos tras la vuelta. Su sello apareció donde más duele: en la Champions League.

En las semifinales ante Paris Saint-Germain, Dumornay participó directamente en cuatro goles: dos tantos y dos asistencias en una eliminatoria que Lyon resolvió 5-3 en el global. En el mayor escaparate continental, ante la rival doméstica más feroz, la haitiana se movió como si llevara años en ese escenario.

La final ante Barcelona, sin embargo, dejó un sabor amargo. Dumornay actuó como referencia ofensiva, pero apenas pudo armar un disparo en un partido dominado por la solidez del conjunto azulgrana. Lyon se quedó corto, y ella también. Un recordatorio de que incluso las estrellas en ascenso tienen noches discretas.

Aun así, el balance de su primera temporada en OL fue contundente: con 20 años, se convirtió en pieza clave, superó una lesión importante, levantó dos títulos y confirmó que su curva de crecimiento seguía apuntando hacia arriba.

“Siempre creí que si estaba en Lyon progresaría cada día”, explicó a GOAL justo antes del inicio de la 2024-25. “Eso es lo que está pasando”.

De ‘9’ a dueña del centro del campo

La evolución de Dumornay no se explica solo por los números. También por el lugar que ocupa en el campo. Con la llegada de Jonatan Giráldez, exentrenador del Barcelona, su rol ha dado un giro que la ha potenciado todavía más.

En las dos últimas campañas, Melchie había jugado muy adelantada, en zonas propias de una ‘9’ clásica, atacando espacios y finalizando jugadas. Ahora, el técnico la ha retrasado al corazón del juego: mediapunta, a veces un poco más atrás. Justo donde ella siempre quiso estar.

“Porque quiero estar en todas partes”, dice cuando le preguntan por su posición favorita.

Ese cambio se nota en todo. Toca más balón que nunca, tanto en liga como en Champions. Participa en la elaboración, rompe líneas con sus conducciones, filtra pases que antes solo recibía. Sus cifras de pases clave se han disparado. Y con ellas, el nivel de Lyon.

“Sabemos que Melchie es una de las mejores jugadoras del mundo”, subrayó Giráldez esta temporada. “Tenemos que encontrarla el mayor número de veces posible”.

La ecuación es sencilla: cuantas más acciones pasa por sus botas, más cerca está OL del éxito. El equipo está lleno de talento de primer nivel, pero cuando una futbolista roza un rendimiento digno de Balón de Oro, el plan debe girar en torno a ella.

Giráldez lo resumió estos días con una idea clara: “Una ‘9’ solo tiene la opción de hacer cosas muy específicas. Creo que ella es capaz de hacer cosas muy diferentes”. Y por eso la ha liberado del área para entregarle el mando.

Una amenaza total… que aún no ha tocado techo

Sus rivales lo saben de sobra. Ingrid Engen, hoy compañera en Lyon y entonces jugadora del Barcelona, tuvo que perseguirla en la final de la UWCL 2024.

“Debo decir que es agradable tenerla como compañera de equipo”, reconoció la noruega. “Es definitivamente una amenaza y alguien a quien realmente tuve que intentar controlar lo mejor posible en ese partido. Es muy difícil de manejar porque tiene fuerza, tiene potencia, tiene técnica: lo tiene todo, de verdad”.

Cuando una defensora de élite que la ha sufrido en una final europea habla así, el mensaje es claro. Dumornay ya está en la mesa de las mejores del planeta. Y, sin embargo, su propio entrenador insiste: esto todavía no es la versión definitiva.

“Este no es su techo”, aseguró Giráldez antes de la final de este sábado en Oslo. La frase conecta directamente con aquella vieja estimación de Miquel en Reims. De aquel 30 por ciento que hoy suena casi romántico.

Dumornay ha avanzado una barbaridad desde entonces. Ha cambiado de país, de club, de posición y de estatus. Ha llevado a Haití a un Mundial, ha decidido semifinales de Champions, ha asumido galones en un vestuario lleno de estrellas. Y, aun así, la sensación es que solo estamos viendo el esbozo de lo que puede llegar a ser.

Si este es el preludio, ¿cómo será el día en que Melchie Dumornay se acerque, por fin, a ese 100 por ciento?

Melchie Dumornay: De promesa a estrella del fútbol femenino