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USMNT vs Australia: Confianza y Dudas Antes del Partido

La sensación en torno al USMNT es clara: todo lo que no sea una victoria ante Australia sonaría a decepción. No lo dicen solo los pronósticos, lo grita la inercia. El repaso a Paraguay dejó la impresión de una selección que, cuando acelera, va varios escalones por encima. Si repite ese nivel, el guion parece escrito: partido controlado, clasificación encarrilada y menos drama del habitual.

Pero este duelo viene con aguijón. La charla previa, los mensajes cruzados, cierta chulería en el ambiente. Todo suma para un choque más físico, más tenso, menos abierto que el estreno. Y ahí es donde la historia se complica.

Un favorito… con nervios

La mayoría coincide: el USMNT es favorito, pero no se librará del sufrimiento. Australia no es un rival brillante, pero sí incómodo. Orden atrás, cinco defensas cuando toca abrigarse, piernas fuertes en los duelos y un par de futbolistas capaces de cambiar un partido en una jugada.

Ahí aparece un nombre propio: Nestory Irankunda. El joven extremo es electricidad pura por la izquierda, un futbolista que vive del desequilibrio y la zancada larga. Su duelo con Sergiño Dest promete ser una de las claves del partido. Si Irankunda encuentra espacio a la espalda de los laterales, la zaga estadounidense, que no ha estado exenta de errores en los últimos meses, puede sufrir. Un simple detalle lo resume todo: si entra en una carrera larga con Tim Ream, todos saben cómo termina.

Chris Richards llega de una lesión de tobillo, los laterales del USMNT tienden a lanzarse al ataque y Australia no va a despreciar el contraataque. Si el partido se rompe, Irankunda puede convertirse en la chispa que incendie el plan de Pochettino.

En el otro área, la figura es Mathew Ryan. El veterano guardameta australiano, con años de experiencia en Europa, se ha mostrado seguro y confiado durante la semana. El contexto le favorece: si el duelo se cierra, si todo se reduce a una ocasión clara, un mano a mano, un disparo envenenado desde la frontal, la mano de Ryan puede valer un punto… o tres. Matt Freese apenas fue exigido ante Paraguay; frente a Australia, la batalla bajo palos puede ser decisiva.

El problema Pulisic: arriesgar o proteger

Todo el análisis del USMNT choca con la misma pregunta: ¿y si Christian Pulisic no está? El capitán no es solo el mejor futbolista del equipo; es el sistema nervioso de la fase ofensiva. Todo pasa por él. Ritmo, pausa, desborde, última decisión. Sin Pulisic, esta selección es otra.

El dilema se traslada directamente a Mauricio Pochettino. ¿Le arriesga de inicio, busca el triunfo rápido y luego le protege pensando en el último partido de la fase de grupos? ¿O decide aplicar el máximo conservadurismo y dejarle en el banquillo, incluso si eso implica un encuentro mucho más espeso?

Dentro del vestuario nadie esconde lo que significa perderle, aunque sea por un partido. En el choque anterior, Pulisic volvió a demostrar por qué es el mejor del USMNT en el uno contra uno. Lo reconoció hasta Sergiño Dest cuando le preguntaron quién es el más letal del equipo en el regate, después de él mismo: la respuesta fue inmediata, Pulisic. Es ese tipo de jugador que, cuando el partido se atasca, fabrica una acción que no estaba en el guion.

Si no puede jugar, alguien tendrá que incomodar a Australia desde otro registro. Más combinativo, más vertical por dentro, más asociación en la frontal. Pero alguien tendrá que asumir el peso.

Balogun, Tillman y la hora de los secundarios

Si Pulisic no está al cien por cien, la responsabilidad ofensiva se reparte. Y ahí aparecen dos nombres: Folarin Balogun y Malik Tillman.

Balogun llega de un partido relativamente abierto ante Paraguay, con espacios, con metros para atacar. Australia no le ofrecerá ese escenario. El área estará poblada, los centrales le morderán cada control y cada giro. Aun así, su papel puede ser crucial: fijar centrales, descargar de espaldas, generar ventajas para la segunda línea. Si el capitán se queda fuera, el delantero tendrá que abrazar un rol de líder silencioso: menos brillo, más oficio.

Tillman, por su parte, es el candidato perfecto a convertirse en el factor sorpresa. Ante Paraguay, su trabajo sin balón fue sobresaliente, pero le faltó colmillo cuando lo tuvo en los pies. Pochettino puede haberle encontrado una nueva zona de influencia, alejándole del rol clásico de mediapunta para situarle como interior, un “8” con llegada. Si mantiene la forma que ha mostrado recientemente en Leverkusen y añade una asistencia o un gol, el USMNT puede encontrar en él el socio que necesita para no echar tanto de menos a Pulisic.

El mensaje interno es claro: los “difference makers” tienen que aparecer. No basta con dominar; hay que decidir.

Australia, menos brillo, más veneno

Esta generación australiana no llega con nombres rutilantes de Premier League, ni con estrellas que llenen portadas en Europa. Eso no significa que sea un equipo menor. Quizá el análisis global sea demasiado eurocéntrico: no juegan en los grandes focos, pero compiten. Y muy bien.

El plan es reconocible: cinco atrás cuando toca sufrir, líneas juntas, agresividad medida y un punto de descaro en ataque. No se trata de un muro infranqueable, pero sí de un rival que obliga a trabajar cada ocasión. Ryan bajo palos, Irankunda al espacio y un bloque que no se descompone con facilidad. Australia sabe que el partido puede decidirse en un detalle, y se siente cómoda en ese escenario.

Qué se juega realmente el USMNT

En lo numérico, una derrota no sería una catástrofe. Con tres puntos todavía se puede salir del grupo. Pero el fútbol de selecciones no vive solo de cuentas; vive de inercias. Perder ahora significaría llegar al último partido con la calculadora en la mano y, probablemente, sin margen de error.

Hay algo más en juego: el techo competitivo de este proyecto. No encabezar el grupo abriría la puerta a un cruce temible más adelante, con nombres como Argentina asomando en el horizonte. Y, sobre todo, alimentaría una narrativa conocida: la de un USMNT que, cuando parece listo para dar el salto definitivo, tropieza en el momento clave.

En los últimos veinte años, el fútbol estadounidense ha acumulado oportunidades perdidas. Equipos prometedores, inversiones importantes, cambios en el banquillo… y una sensación recurrente de quedarse a medio camino. Esta vez, con Pochettino al mando y una generación que apunta alto, la exigencia es otra. Ganar el grupo no es un lujo, es casi una obligación para justificar el proyecto.

Ante Australia, el USMNT no solo se juega tres puntos. Se juega la credibilidad de su discurso. Y la respuesta dirá si este equipo está de verdad preparado para algo grande… o si la historia vuelve a repetirse.