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Bélgica humilla a Estados Unidos y termina su sueño mundialista

La ilusión de Estados Unidos de firmar un Mundial histórico en casa se desplomó en 90 minutos implacables. Bélgica, liderada por un descomunal Charles De Ketelaere, castigó cada grieta defensiva y se llevó un 4-1 que sonó a correctivo y a realidad al mismo tiempo. Doblete, asistencia y una exhibición de lectura del juego del atacante belga para meter a los Red Devils en cuartos de final, donde les espera España en Inglewood, California.

El golpe no fue solo el marcador. Fue la forma.

De Ketelaere marca el tono desde el inicio

Estados Unidos llegaba reforzado por la presencia de Folarin Balogun, habilitado tras la polémica decisión de FIFA de levantarle la sanción de un partido por roja. Sobre el papel, un impulso ofensivo. En el césped, el problema apareció atrás desde el minuto 8.

En esa jugada, De Ketelaere abrió el partido y el marcador, aprovechando una defensa lenta de reacción, justo en el primer encuentro de este Mundial en el que la selección estadounidense encajaba el primer gol. El plan se torció muy pronto y dejó al descubierto lo que muchos señalaban desde el inicio del torneo: la zaga como punto débil.

Aun así, el equipo de Mauricio Pochettino encontró aire a balón parado. En el 31’, Malik Tillman empató con su segundo gol de tiro libre en el torneo, un lanzamiento que desvió la barrera y descolocó al portero belga. El 1-1 encendió a los 66.925 aficionados, la mayoría vestidos de rojo, blanco y azul, que llenaban Lumen Field. Por un momento, el ruido empujó a Estados Unidos y pareció cambiar la historia del partido.

Duró 61 segundos.

Nada más sacar de centro, Bélgica volvió a encontrar un agujero en la defensa estadounidense y castigó sin piedad. El 2-1 fue un mazazo emocional. En la banda, Pochettino explotó: una patada a la estructura de material frente al banquillo y cuatro botellas volando describieron mejor que cualquier discurso su frustración.

Freese se equivoca y Bélgica no perdona

Tras el descanso, la sensación era clara: si Estados Unidos se desordenaba, Bélgica lo pagaría con goles. Y así fue.

En el 57’, Matt Freese protagonizó la jugada que terminó por romper el partido. El guardameta perdió el control del balón en el área pequeña, un error grosero a ese nivel. De Ketelaere, siempre bien colocado, no se desesperó. Leyó la jugada, presionó y sirvió el pase para que Hans Vanaken firmara el 3-1. Un regalo que los Red Devils aceptaron encantados.

Con dos goles de desventaja, a Estados Unidos le faltaron ideas y claridad. Ni Balogun ni el resto del frente ofensivo encontraron espacios ante una Bélgica que, curiosamente, había dejado en el banquillo a dos de sus grandes nombres: Jérémy Doku y Kevin De Bruyne. No los necesitó para exponer a una defensa que se vio superada desde el primer minuto.

Pulisic, lesionado y testigo impotente

El símbolo de esta generación, Christian Pulisic, terminó el partido como espectador obligado. En el 52’, al intentar rematar, impactó con su pie derecho en la bota del capitán belga Youri Tielemans. El golpe le dejó tocado. Siete minutos después tuvo que ser sustituido, resignado, sin poder influir en la remontada que pedía el estadio.

Sin su estrella en el campo, sin solidez atrás y sin margen de error, la selección estadounidense se fue apagando. El tramo final fue un ejercicio de control belga, administrando la ventaja y esperando el momento para cerrar la goleada.

Lo hizo Romelu Lukaku, que había entrado desde el banquillo en la segunda parte. En el tercer minuto de tiempo añadido, el delantero puso el 4-1 definitivo, rematando la noche y la participación de Estados Unidos en el torneo.

Un golpe generacional y un viejo fantasma europeo

La derrota deja cicatrices más allá del marcador. Estados Unidos llegaba a este Mundial ampliado a 48 selecciones con la ambición de su generación más publicitada, con Pulisic, Weston McKennie y Tyler Adams como referentes, y con el objetivo declarado de elevar el fútbol a una altura más cercana a la del NFL, MLB o NBA en el imaginario deportivo del país.

Ganó tres partidos por primera vez en una Copa del Mundo. Pero se volvió a quedar a las puertas de los cuartos de final, una barrera que no supera desde 2002. Y, otra vez, el verdugo fue Bélgica, que encadena siete victorias seguidas contra los estadounidenses desde aquella lejana derrota en el Mundial de 1930.

El dato reciente contra Europa es aún más duro: Estados Unidos ha perdido 11 de sus últimos 12 partidos frente a selecciones europeas en grandes citas, con la única excepción de la victoria en octavos ante Bosnia-Herzegovina. Cada vez que el nivel sube, el equipo se queda corto.

CONCACAF se cae, Europa, Sudamérica y África mandan

La eliminación estadounidense completa el desplome de CONCACAF en el torneo. Las seis selecciones de la confederación están fuera. Los tres coanfitriones —USA, México y Canadá— cayeron en octavos. Ninguna llegó a cuartos. El cuadro final queda reservado para equipos de Europa, Sudamérica y África, un reflejo crudo de la distancia competitiva que todavía separa a estas regiones de CONCACAF y de Asia.

Bélgica, mientras tanto, avanza con autoridad. Sin necesidad de alinear de inicio a todas sus figuras, presionó desde el comienzo, manejó los tiempos y explotó con precisión quirúrgica cada error de una defensa estadounidense que nunca estuvo a la altura del escenario.

El sueño mundialista en casa se apaga para Estados Unidos con una sensación incómoda: esta generación dio pasos importantes, sí, pero no los suficientes como para cambiar el mapa del fútbol mundial. La próxima vez que se planteen ese objetivo, ¿seguirán hablando de potencial o, por fin, de realidad?