Francia supera a Paraguay y Mbappé brilla en el Mundial
En Filadelfia no solo ardía el césped. Ardían las cabezas, las piernas y los pulmones. En medio de una alerta por calor extremo, con el termómetro rozando los 37 grados en la primera parte, Francia se abrió paso a golpes de talento y paciencia para meterse en su cuarto cuarto de final mundialista consecutivo. El marcador dice 0-1 ante Paraguay. La historia del partido cuenta algo más duro, más espeso, más sufrido.
El único gol llegó desde el punto de penalti, en el minuto 70, y llevó la firma inevitable de Kylian Mbappé. Su séptimo tanto en este Mundial. Su número 19 en 19 partidos en la competición. Una cifra que lo deja a solo uno de Lionel Messi, dueño provisional del récord con 20. La carrera por la bota de oro y por la historia sigue a toda velocidad.
Un partido jugado a fuego lento
La primera parte fue una especie de sauna competitiva. El ritmo cayó varios escalones, casi por obligación. Francia mandó en la pelota, en el territorio y en las sensaciones, pero el calor y el oficio paraguayo espesaron cada ataque.
Paraguay hizo lo que se esperaba: bloque bajo, líneas juntas, interrupciones constantes, pequeñas faltas, protestas medidas. Las “artes oscuras” de siempre. Cada minuto que pasaba sin que Francia marcase reforzaba el plan sudamericano.
Aun así, el desequilibrio de los franceses asomaba. Cada vez que Mbappé aceleraba, el estadio contenía el aliento. Cada vez que Doué encontraba un pase interior, se intuía peligro. Pero faltaba precisión en el último toque. Y el ritmo, inevitablemente, se caía.
El penalti que cambió todo
El partido se rompió de verdad a 20 minutos del final. Doué cayó en el área tras un contacto claro de Gómez. El árbitro dejó seguir, pero las protestas francesas fueron inmediatas. El VAR entró en escena. Las repeticiones no dejaban mucho margen: había contacto, había zancadilla.
El colegiado corrió hacia la pantalla, revisó la acción y, tras unos segundos que parecieron eternos, señaló el punto de penalti. Primera pena máxima para Francia en todo el torneo. Ousmane Dembélé agarró el balón al principio, pero el ejecutor estaba claro: Mbappé.
Carrera a trompicones, mirada fija, disparo seco abajo a la derecha. Portero a un lado, balón al otro. 0-1. Un suspiro de alivio en el banquillo francés, un puñetazo en la mesa del capitán. Y un golpe casi definitivo a la resistencia paraguaya, que veía cómo el partido se le escapaba justo cuando el calor hacía más daño.
Ese gol no solo abría el marcador. Colocaba a Mbappé en lo más alto de la tabla de goleadores del torneo, empatado con Messi, y avivaba una rivalidad estadística que atraviesa generaciones.
Mbappé, insistencia y pólvora
El penalti coronó un partido en el que Mbappé no dejó de buscar. Ya en la recta final, cazó un gran pase de Doué y soltó un disparo tan potente que el portero Gill solo pudo rechazarlo hacia delante. El balón volvió a los pies del francés, que remató de nuevo hacia el palo derecho del guardameta. Parecía gol cantado. Pero Gill se rehízo con una estirada espectacular y evitó el segundo.
Esa doble intervención del guardameta paraguayo resumió bien el encuentro: Francia siempre un paso por delante, Paraguay agarrado al partido por orgullo y por el trabajo de su portero.
Paraguay muerde hasta el final
Con el 0-1, al combinado sudamericano no le quedaba otra que soltarse. Entraron Mauricio y Ávalos, buscando piernas frescas y algo de velocidad en un ataque que hasta entonces apenas había inquietado. Era un último intento, casi a la desesperada.
El problema: la falta de ideas arriba. Paraguay empujó, cargó el área, buscó balones frontales, pero nunca encontró una ocasión realmente clara. Francia, con el resultado a favor, gestionó el tramo final con cierta madurez, administrando energías y dejando que el reloj hiciera su parte.
El partido se calentó de otra manera en los últimos minutos. Patadas tardías, roces, miradas desafiantes. Cuando el árbitro señaló el final, el intercambio de palabras entre jugadores de ambos equipos prolongó la tensión. Los franceses tardaron unos segundos en soltarse y celebrar. Los paraguayos, en cambio, se fueron directos hacia el colegiado para protestar decisiones que consideraban clave.
Mbappé, mientras tanto, sonreía. No era para menos.
Cuarto de final a la vista… y un récord en el horizonte
El pitido final certificó dos cosas. La primera, que Francia estará en cuartos de final por cuarta vez consecutiva en un Mundial. Una muestra de continuidad en la élite que muy pocos pueden presumir. La segunda, que este equipo tiene claro hacia quién mirar cuando el partido se atasca: el dorsal 10.
El próximo rival será Marruecos. Otro examen de carácter, otra prueba para medir hasta dónde puede llegar este grupo. Mbappé llegará a esa cita con siete goles en el torneo y a solo uno de igualar a Messi en la tabla histórica de la Copa del Mundo.
La pregunta ya no es solo si Francia tiene suficiente para levantar el título. La pregunta es cuántos récords más va a derribar su estrella antes de que esto termine.
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