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Luca Zidane y su debut en el Mundial con Argelia

El apellido Zidane vuelve a un Mundial… pero bajo los palos de Argelia

Cuando apareció el nombre “Zidane” en la espalda del guardameta de Argelia frente a Argentina, en el debut mundialista de los norteafricanos, el estadio entero pareció viajar en el tiempo. Durante un segundo, muchos pensaron en Zinedine, en la volea de 2002, en París 1998, en Berlín 2006. Pero no. Esta vez no se trataba del genio del mediocampo francés, sino de su hijo, Luca Zidane, dueño del arco argelino.

Y la imagen impactaba: un Zidane, en un Mundial, con una máscara negra cubriéndole el rostro.

Un Zidane bajo otra bandera

Luca Zidane, 28 años, nació en Francia y creció en gran parte en España, a la sombra del gigante que fue su padre en el Real Madrid, primero como futbolista y después como entrenador. Sin embargo, cuando llegó la hora de elegir selección, miró hacia las raíces familiares: Argelia.

Los padres de Zinedine Zidane son argelinos, y esa herencia nunca fue un simple detalle biográfico en la casa de los Zidane. Luca lo ha repetido más de una vez: la cultura argelina marcó su infancia y la de sus hermanos.

“Vivimos en una cultura argelina desde pequeños. Es un honor jugar para Argelia”, explicó en una entrevista anterior. No era una frase de compromiso. Su decisión le abrió la puerta del escenario más grande que existe en el fútbol: el Mundial.

Un debut brutal ante el campeón

El sueño, sin embargo, empezó en el peor escenario posible: frente al vigente campeón del mundo. Argentina al otro lado, Lionel Messi desatado y un equipo argelino obligado a aprender a golpes lo que significa enfrentarse a la élite absoluta.

El resultado fue duro: 3-0 para Argentina, con un hat-trick de Messi. Un castigo pesado para cualquier portero en su estreno mundialista, más aún cuando tu apellido lleva décadas asociado a las noches grandes del torneo.

Pero ahí estuvo Luca, firme, intentando sostener a los suyos mientras el campeón aceleraba. Sin esconderse. Sin esconder el apellido.

La máscara y el riesgo

Su figura llamaba la atención por otro motivo. Esa máscara negra, casi de superhéroe, no era un capricho estético. El guardameta del Granada llegó al Mundial después de una carrera contrarreloj.

En abril, en un partido de la liga española, sufrió un fuerte choque que le dejó una fractura de mandíbula, lesiones en el mentón y una conmoción cerebral severa. Un golpe tan grave que puso en duda su presencia en la cita mundialista.

Durante semanas, la pregunta fue una sola: ¿llegará? Finalmente, lo hizo. Con protección en el rostro, pero con el número uno de Argelia en la espalda. La máscara se convirtió en símbolo: del riesgo asumido, del esfuerzo silencioso, de la determinación por no perderse la oportunidad de su vida.

El peso de un apellido

Para muchos aficionados, ver “Zidane” en un Mundial es un disparador emocional. Imposible no recordar al capitán que levantó la Copa del Mundo con Francia en 1998, al líder que regresó a otra final en 2006. Dos décadas después, el apellido regresa al torneo, pero desde otro lugar. No dirige el juego, lo protege. No organiza el ataque, ordena la defensa.

El contraste es potente: el padre conquistó el mundo con el balón en los pies; el hijo intenta hacerlo con los guantes puestos, defendiendo la portería de la tierra de sus abuelos.

Argelia vuelve al gran escaparate del fútbol con un Zidane como guardián de su arco. La historia, esta vez, se escribe desde el área chica. Y el apellido, cargado de memoria, vuelve a estar en el centro del escenario mundial.