Álex Baena acerca a España a octavos tras gol clave
En un grupo que no admite distracciones y en un Mundial que castiga cualquier despiste, España encontró alivio en la zurda de Álex Baena. Minuto 42 del duelo clave ante Uruguay, partido grande de un Grupo H que se ha complicado más de la cuenta para la campeona de Europa. Un balón suelto, un golpeo seco, un bote envenenado y Fernando Muslera, estirado al límite, viendo cómo la pelota se esconde en la esquina de su portería. 1-0. Oxígeno puro para La Roja.
El tanto llegó cuando el partido pedía precisamente eso: una chispa. España mandaba en el balón, pero el marcador seguía anclado en el cero, con el recuerdo incómodo del 0-0 ante Cabo Verde aún demasiado fresco. La jugada no fue un alarde de estética, pero sí de determinación. Baena armó la pierna, el disparo botó justo delante de Muslera y el veterano guardameta uruguayo no logró reaccionar a tiempo. Gol de los que cambian estados de ánimo y, a menudo, grupos enteros.
La situación de España en el Grupo H explica el peso del tanto. Llegaba a este encuentro en lo más alto de la clasificación con cuatro puntos: un contundente 4-0 frente a Arabia Saudí y ese empate sin goles ante Cabo Verde que encendió algunas alarmas. La victoria ante Uruguay no es un simple paso más; es la llave que le permite asegurarse el billete directo a la ronda de 32. No hay margen para la especulación: ganar hoy significa evitar cuentas y mirar de frente a los cruces.
El once de Luis de la Fuente
El once de Luis de la Fuente, continuista con la idea que llevó a España al título continental en 2024, mezcló jerarquía y descaro. Bajo palos, Unai Simón. En defensa, Marcos Llorente, Pau Cubarsí, Aymeric Laporte y Marc Cucurella. En la sala de máquinas, el capitán Rodri, escoltado por Mikel Merino y Pedri. Y arriba, un tridente que ilusiona: Lamine Yamal, Álex Baena y Mikel Oyarzabal. Nombres que ya no son promesas, sino responsables directos del presente de una selección que carga con la doble etiqueta de campeona de Europa y antigua campeona del mundo, aquella que levantó la Copa en 2010.
El recorrido en este Mundial 2026 había empezado con guion extraño. Debut áspero el 15 de junio ante Cabo Verde, incapaz de traducir dominio en goles. Reacción contundente el 21 de junio con el 4-0 a Arabia Saudí, marcador que devolvió confianza y gol a un equipo que vive de someter al rival. Y ahora, 26 de junio, la cita con Uruguay, un clásico del fútbol mundial, como examen definitivo de la fase de grupos.
En ese contexto, el gol de Baena no es solo una estadística más. Es un mensaje. España, que ya sabe lo que es coronarse campeona del mundo y que llega impulsada por la Eurocopa de 2024, se resiste a dejarse arrastrar por las dudas de un empate inesperado. Cuando el grupo se aprieta, cuando el margen de error se encoge, necesita futbolistas que aparezcan justo ahí, en el minuto 42 de un partido que pesa más que los demás.
Quedará por ver hasta dónde alcanza este golpe de autoridad. De momento, el disparo de Baena ha abierto una puerta enorme: la de los octavos de final. Y en un Mundial que no perdona, entrar por ella como primera de grupo puede marcar la diferencia entre un camino espinoso y otro, al menos, transitable.
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