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Anthony Barry continúa hablando en el descanso del Mundial

Anthony Barry, mano derecha de Thomas Tuchel en la selección de Inglaterra, no va a bajar el tono. Pese a su análisis demoledor del primer tiempo ante Croacia, el asistente continuará realizando las entrevistas televisivas del descanso durante el Mundial.

En Dallas, con el marcador 2-2 al intermedio, Barry no maquilló nada. Ofreció una radiografía cruda de los primeros 45 minutos, mientras el equipo aún buscaba asentarse en su debut mundialista. Después, el conjunto de Tuchel terminó ganando 4-2. Pero las palabras del asistente ya habían dejado huella.

Su franqueza sorprendió a más de uno. No es habitual escuchar a un miembro del cuerpo técnico hablar de una primera parte “complicada y confusa”, de “energía nerviosa” y de decisiones equivocadas con el balón en un momento tan delicado como el descanso de un partido de Copa del Mundo. Menos aún cuando el resultado seguía abierto.

Dentro del vestuario, sin embargo, nadie se llevó las manos a la cabeza. Al contrario. En la delegación inglesa consideran que ni Tuchel ni los jugadores deberían dedicar esos minutos tan valiosos a atender a las cámaras. El descanso es sagrado: correcciones tácticas, reajustes emocionales, detalles puntuales. Cada segundo cuenta.

Ahí entra Barry. El asistente asume el foco mediático mientras el seleccionador y la plantilla se encierran en la pizarra. Y lo hace sin filtros. Según se desprende del entorno del equipo, Tuchel valora precisamente esa honestidad. Las declaraciones no han generado ningún tipo de inquietud interna.

Las nuevas entrevistas del descanso se han convertido en uno de los grandes experimentos televisivos de este Mundial. Las cadenas piden acceso, pero no es obligatorio. Algunas selecciones ofrecen a su entrenador, otras a suplentes o miembros del staff, y el nivel de compromiso con esas apariciones varía mucho de un país a otro.

Barry, en cambio, no se refugia en tópicos. Ante Croacia, describió una Inglaterra atenazada por los nervios del debut, equivocada en la toma de decisiones —jugando en largo cuando tocaba combinar en corto, y al revés— e incapaz de encontrar los espacios que debían acelerar el plan de juego. Ni el penalti transformado ni el segundo gol a balón parado lograron, según su lectura, liberar al equipo de ciertos patrones “temerosos” antes de encajar el 2-2 al borde del descanso.

Ese tipo de discurso, tan poco diplomático, suele incomodar en un torneo donde casi todo se mide y se controla. Pero, por ahora, la federación inglesa mantiene la apuesta: Barry seguirá siendo la voz del cuerpo técnico en esos minutos de máxima tensión televisiva.

Mientras tanto, en el plano deportivo, las miradas se posan sobre Marcus Rashford. El delantero, que salió desde el banquillo para firmar el cuarto tanto en la victoria en Dallas, terminó el encuentro con molestias musculares. Los servicios médicos de Inglaterra lo evalúan de cara al duelo del martes frente a Ghana.

Desde dentro del grupo hay cierto optimismo: la sensación es que la incomodidad no debería apartarlo del siguiente partido. Pero en un torneo comprimido, con partidos cada pocos días y márgenes mínimos, cualquier aviso físico en un jugador decisivo se toma muy en serio.

Inglaterra celebra la pegada de Rashford y la sinceridad de Barry. Dos caras de un mismo mensaje: en este Mundial, el margen de error es mínimo y nadie se esconde.