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Caleb Yirenkyi: el joven que brilló en el Mundial con su gol decisivo

Caleb Yirenkyi, el adolescente que entrenó su gol de Mundial durante semanas

La escena parecía escrita para un veterano. Minuto final, partido atascado, un rival crecido y un país entero conteniendo la respiración. Pero el que apareció en el área fue un chico de 19 años: Caleb Yirenkyi, mediocampista de Ghana, producto de una idea repetida una y otra vez en los entrenamientos.

Su gol en el tiempo de descuento dio a Ghana una victoria por 1-0 ante Panamá el 17 de junio, en un duelo del Mundial que se complicó mucho más de lo previsto para las Black Stars. Durante largos tramos, el equipo africano sufrió, defendió bajo y resistió la presión panameña, lejos del guion cómodo que muchos anticipaban.

Una jugada ensayada hasta el cansancio

Cuando el reloj ya coqueteaba con el empate, Ghana robó el balón en campo propio y, por primera vez en muchos minutos, encontró espacio para correr. El balón viajó rápido: primero por los pies de Antoine Semenyo, después por los de Brandon Thomas-Asante. La pelota fue hacia la banda, justo como lo habían repetido en las sesiones de trabajo, y desde ahí al corazón del área.

Allí apareció Yirenkyi, llegando desde segunda línea, atacando el espacio que conocía de memoria. Control, definición y estallido de alivio. No fue improvisación. Fue libreto.

El propio Yirenkyi lo explicó tras el partido: esa secuencia —salida rápida, balón abierto a las bandas, centro al área y llegadas desde atrás— forma parte del plan que Ghana pule desde el inicio de la preparación mundialista. Cuando su equipo recuperó la pelota, él solo pensó en jugar hacia adelante, seguir la acción y atacar el área. El resto fue instinto y repetición convertida en reflejo.

El sello de Carlos Queiroz

Detrás de esa jugada está la mano del nuevo seleccionador, Carlos Queiroz. El técnico ha impuesto sesiones duras, cargadas de intensidad, con un mensaje constante: aprender, repetir, automatizar. Para un grupo tan joven, ese tipo de entrenamiento no solo afina la táctica; también templa el carácter para noches como esta.

Yirenkyi habla de “lecciones” y de una exigencia diaria que no da tregua. El mediocampista de FC Nordsjælland llega a este Mundial tras una temporada de despegue en Dinamarca: 30 partidos de liga, dos goles, seis asistencias y, sobre todo, la sensación de haberse ganado un lugar de confianza en el centro del campo. Su evolución ha sido tan rápida que su debut absoluto con la selección llegó apenas el año pasado, en la Unity Cup ante Nigeria, un partido que Ghana perdió 1-2 pero que abrió una puerta que ya no se ha cerrado.

Ahora, en el mayor escaparate del fútbol, suma dos goles en dos partidos: primero ante Gales en un amistoso previo al torneo, y ahora este tanto agónico contra Panamá que vale tres puntos y un golpe de autoridad en su propia carrera.

Entre veteranos agotando sus últimas balas

Esta Ghana vive un momento de transición. Conviven en el vestuario los veteranos que apuran sus últimos torneos internacionales y una camada de jóvenes que mira de frente el futuro de las Black Stars. En ese equilibrio delicado, Yirenkyi se apoya en los mayores.

El mediocampista insiste en el valor de esa guía: los jugadores experimentados corrigen, aconsejan, ordenan. Los jóvenes escuchan, absorben y corren por todos. La jerarquía no se impone solo con brazaletes; se transmite en cada indicación, en cada charla, en cada gesto durante los entrenamientos.

Ante Panamá, esa mezcla de energía juvenil y oficio curtido se puso a prueba. Ghana, a priori favorita para “pasearse” en el duelo, terminó atrapada en su propio desorden. Regaló balones, se metió atrás y tuvo que cavar hondo para salir del agujero en los minutos finales. Lo logró porque el equipo no se partió y porque la fe en el plan se mantuvo intacta cuando el partido se volvía espeso.

Un grupo que corre en la misma dirección

Yirenkyi insiste en una idea: esto no va de un héroe solitario. Habla de aprender del cuerpo técnico, de los compañeros, de cualquiera que tenga algo que aportar. De ir “día a día”, de ayudarse mutuamente, de mantener una meta común en el torneo.

Su discurso no suena impostado. Se nota el entusiasmo de quien vive su primer gran torneo, pero también la madurez de alguien que entiende que su explosión individual solo tiene sentido si empuja al colectivo. Él se declara positivo, y asegura que el vestuario comparte esa mentalidad: un objetivo claro, hacer el máximo en este Mundial, sin excusas.

El gol ante Panamá no solo evita un tropiezo incómodo. Refuerza la idea de que esta nueva Ghana puede ganar partidos desde la pizarra, desde la resistencia y desde el talento emergente de chicos como Caleb Yirenkyi. Si el futuro de las Black Stars necesitaba un rostro, en el descuento encontró uno que no se esconde.