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Ismaël Koné sufre fractura grave en Mundial de Canadá

La noche en que Canadá se paseó ante Qatar con un 6-0 en Vancouver dejó una imagen que heló el estadio. En un equipo lanzado, en un Mundial que parecía escrito para consolidar a su nueva generación, Ismaël Koné salió del campo entre aplausos… y con una fractura grave en la pierna izquierda.

La federación confirmó este viernes que el centrocampista de 24 años fue operado con éxito de una “fractura de miembro inferior” sufrida en el partido del jueves. Estará fuera lo que queda de Mundial. Según el periodista Fabrizio Romano, la lesión afecta a tibia y peroné, con un tiempo estimado de baja de entre cuatro y cinco meses. El golpe deportivo y emocional para Canadá es enorme.

Una entrada que cambió el tono del partido

El accidente llegó al inicio de la segunda parte, cuando el duelo ya se inclinaba sin discusión del lado canadiense. Koné recibió un duro tackle por detrás de Assim Madibo. La imagen fue inmediata: gritos, jugadores llevándose las manos a la cabeza, el silencio súbito en las gradas de BC Place.

Madibo, consciente al instante de la gravedad de lo que había hecho, se llevó las manos a la cabeza y las agitó en el aire, pidiendo perdón. La acción se señaló inicialmente como falta, algo que desató la furia del banquillo canadiense. Desde la banda se escuchaban los reproches a la decisión arbitral, incapaces de entender cómo una entrada así no se castigaba con más dureza. La tarjeta roja llegó después, ya con la revisión y el clima totalmente en contra del jugador qatarí.

En el césped, los gestos lo decían todo. Los fisioterapeutas inmovilizaron la pierna izquierda de Koné con una férula de aire antes de subirlo a la camilla. Mientras lo retiraban, el estadio entero coreaba su nombre. Él, con el rostro marcado por el dolor, respondió como pudo: levantó la mano y saludó a la afición de Vancouver.

“Escuché el hueso romperse”

El seleccionador Jesse Marsch no escondió la crudeza del momento. Contó que había podido “escuchar el hueso romperse” y que Koné fue trasladado de inmediato a un hospital local para ser operado tras el partido. El técnico, tras cumplir con sus obligaciones ante la prensa, se marchó directamente a visitarlo.

La federación confirmó después que la intervención se completó con éxito y que el jugador “se recuperará por completo”, aunque no volverá a pisar el césped en este Mundial. Un alivio médico dentro de un escenario devastador para el futbolista de Sassuolo y para una selección que lo había convertido en pieza central de su centro del campo.

Koné llegaba a esta Copa del Mundo con 41 internacionalidades, 4 goles y la sensación de estar entrando en su mejor etapa. Mediocentro de 1,88, físico largo, zancada limpia y personalidad con balón, había sido, en palabras de Marsch, “el mejor jugador” de Canadá en el empate 1-1 ante Bosnia y Herzegovina en Toronto, en el estreno mundialista del 12 de junio.

Rabia, respuesta y un dorsal al aire

La reacción canadiense al golpe fue tan visceral como inmediata. Varios jugadores se encararon con los futbolistas de Qatar tras la entrada de Madibo, empujones incluidos. El banquillo, con Marsch al frente, protestaba sin descanso, incrédulo ante la primera decisión arbitral de dejar la acción en simple falta.

Cuando el juego se reanudó, el partido ya tenía otro tono. Canadá siguió atacando, pero ahora con una causa. El cuarto gol, en el minuto 64, llevó la firma de Nathan Saliba, pero el protagonismo se lo llevó el gesto posterior: el joven centrocampista corrió hacia la banda, agarró la camiseta con el número 8 de Koné y la levantó hacia el público. No hizo falta decir nada más. El vestuario ya tenía a quién dedicarle la goleada.

Marsch lo explicó después con claridad. Describió a Koné como “un gran chico”, imperfecto, sí, pero precisamente por eso tan querido en el grupo. Destacó su capacidad para hacer cosas “que ningún otro jugador puede hacer” y subrayó que encarna “mucho de lo que es este equipo”. Para el técnico, la pérdida es mayúscula. Pero también insistió en que el futuro del mediocampista es enorme, una forma de recordar que esta fractura no define su carrera.

Un Mundial que cambia de guion

Hasta la lesión, el torneo de Canadá avanzaba según lo previsto: empate serio ante Bosnia y goleada contundente frente a Qatar, con un equipo cada vez más reconocible y un mediocampo en el que Koné marcaba el ritmo. El calendario señala ahora el 24 de junio, de nuevo en BC Place, ante Suiza. El escenario será el mismo; el equipo, emocionalmente, no.

Canadá pierde a un titular indiscutible, un enlace entre defensa y ataque que se había convertido en símbolo de esta generación. Koné no estará en el césped, pero su dorsal 8 ya se ha instalado como bandera de resistencia en un vestuario que se sabe observado, por fin, en un Mundial de máxima exposición.

La operación ha salido bien. La recuperación, según los médicos, llegará. La pregunta ahora es otra: ¿cómo responde una selección que sueña a lo grande cuando su corazón en el medio campo se rompe en pleno torneo?