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Irán se prepara en Turquía para el Mundial en medio de tensiones

La selección de Irán aterrizó el lunes en Turquía. No llega para un amistoso cualquiera, sino para montar un campamento de varias semanas que debe servir de trampolín hacia un Mundial cargado de tensión, deporte y geopolítica.

El torneo, coorganizado por Estados Unidos, espera a los iraníes al otro lado del Atlántico. Pero ese mismo país, junto a Israel, comenzó a bombardear Irán el 28 de febrero, desatando una guerra más amplia en Oriente Medio. El fútbol, esta vez, viaja con ruido de fondo.

Confianza entre protocolos y bombas

En medio de ese escenario, el mensaje oficial de la federación iraní es de calma y control. Mehdi Mohammad Nabi, director de la selección y vicepresidente de la federación, insistió en que el plan sigue su curso.

«Todo se desarrollará correctamente según los protocolos y lo estipulado por FIFA», aseguró. No habló de improvisación, sino de experiencia acumulada.

Recordó que dentro de Estados Unidos ya están activados los comités que trabajan codo a codo con FIFA, incluida una comisión de seguridad encargada de todos los asuntos sensibles durante el torneo. Para Irán, no es territorio desconocido. «En años anteriores hemos vivido todo esto y estamos plenamente informados de cómo operan estos comités de seguridad en cada Mundial en el que hemos participado», subrayó.

El discurso es claro: saben a qué se enfrentan. «En este sentido, estamos muy seguros y tenemos un plan claro», remató el dirigente.

El gran escollo: las visas

El balón todavía no rueda y el primer rival no viste de corto. Son las visas.

Las autoridades iraníes ya han admitido que jugadores y cuerpo técnico aún no disponen de los visados necesarios para entrar en Estados Unidos. La solución pasa por Ankara: el equipo planea tramitar los documentos en la embajada de Canadá en Turquía durante esta concentración.

Nada está garantizado. «No estamos seguros todavía de que todos los jugadores y el personal reciban visas de Estados Unidos», reconoció Mohammad Nabi, abriendo la puerta a un escenario incómodo: una selección mundialista pendiente de decisiones consulares a semanas del debut.

Ahí entra en juego el reglamento. El dirigente recordó que una de las obligaciones del país anfitrión, según los estatutos de FIFA y las normas de la competición, es ofrecer garantías plenas a todas las selecciones clasificadas. Entre esas garantías, una clave: facilitar los visados necesarios.

Según Nabi, FIFA ya ha movido ficha para asegurar que el país organizador proporcione la cooperación requerida a equipos como Irán en este terreno. La pelota, esta vez, está en el despacho del anfitrión.

Un grupo exigente, una base en el desierto

Mientras se resuelven los trámites, el calendario deportivo no se detiene. Irán tiene marcada en rojo la fecha del 15 de junio. Ese día abrirá su andadura en el Grupo G frente a New Zealand en Los Ángeles.

Después, repetirá escenario en la ciudad californiana para medirse a Belgium, antes de viajar al noroeste del país para cerrar la fase de grupos contra Egypt en Seattle. Tres estilos, tres continentes, un margen mínimo para el error.

Durante el torneo, la selección iraní tendrá su cuartel general en Tucson, Arizona. Una base en pleno desierto, lejos del ruido de las grandes metrópolis, pensada para trabajar en calma mientras el Mundial hierve alrededor.

Entre la guerra en casa, la incertidumbre de las visas y la exigencia del grupo, Irán llega a esta Copa del Mundo caminando sobre una cuerda fina. La cuestión ya no es solo cómo jugará, sino si el fútbol podrá imponerse al fuego cruzado que rodea su viaje.