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República Democrática del Congo enfrenta brote de ébola antes del Mundial

La cuenta atrás hacia el Mundial se ha torcido para la República Democrática del Congo. La federación ha cancelado el stage de tres días previsto en Kinshasa y el adiós simbólico a su afición en la capital por un brote de ébola en el este del país. El fútbol cede ante una emergencia sanitaria que ya trasciende fronteras.

El virus no es cualquiera. Se trata de una rara variante, conocida como Bundibugyo, que se cree ha causado más de 130 muertes y cerca de 600 casos sospechosos. La Organización Mundial de la Salud la ha declarado emergencia de salud pública de importancia internacional. Con ese escenario, la selección no podía concentrarse en casa.

“Había tres etapas de preparación: en Kinshasa para despedirnos del público, en Bélgica y España con dos amistosos… y la tercera etapa desde el 11 de junio en Houston. Solo se canceló una: la de Kinshasa”, explicó el portavoz del equipo, Jerry Kalemo. El plan se mantiene, pero sin el abrazo de su gente.

Ruta europea hacia Houston

El calendario deportivo no se detiene. El combinado congoleño mantiene sus dos amistosos previos al Mundial: se medirá a Dinamarca en Liège, Bélgica, el 3 de junio, y a Chile en el sur de España el 9 de junio. Ambos encuentros siguen en pie, confirmó Kalemo.

Desde allí, la selección volará a Estados Unidos para la fase final de preparación en Houston a partir del 11 de junio. El debut mundialista llegará el 17 de junio, también en Houston, ante Portugal. Un estreno mayúsculo para un equipo que regresa a la gran escena después de medio siglo.

El contexto sanitario obliga a hilar fino con los desplazamientos. Casi todos los jugadores y el seleccionador francés, Sébastien Desabre, residen fuera del país, muchos de ellos en Francia. Parte del staff que sí vive en la República Democrática del Congo “saldrá en las próximas horas”, detalló Kalemo, para integrarse a la delegación en Europa y evitar complicaciones.

Restricciones, excepciones y un Mundial blindado

El brote ha encendido las alarmas también en Estados Unidos. Los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) anunciaron esta semana una prohibición de entrada para todos los ciudadanos extranjeros que hayan estado en la República Democrática del Congo, Uganda o Sudán del Sur en las tres semanas previas a su llegada. La medida se aplicará durante 30 días.

La selección, sin embargo, no quedará atrapada en ese cerrojo. Un funcionario estadounidense aclaró que el equipo congoleño no se verá afectado por la prohibición, ya que lleva varias semanas concentrado en Europa. Jugadores, cuerpo técnico y directivos que no hayan pisado el país en los últimos 21 días podrán entrar sin restricciones adicionales.

No todos tendrán esa puerta abierta. Cualquier miembro de la delegación que sí haya regresado a la República Democrática del Congo en ese periodo quedará sometido a los mismos requisitos de cuarentena que los ciudadanos estadounidenses que vuelvan de las zonas afectadas. Y los aficionados que sueñan con seguir a los Leopardos en suelo norteamericano no contarán con esa excepción: la prohibición se les aplicará de forma estricta.

Desde Washington, el mensaje es de vigilancia máxima. El grupo de trabajo de la Casa Blanca para el Mundial, integrado en el Department of Homeland Security, subraya que está “coordinando de cerca” con distintas agencias los aspectos sanitarios y de seguridad, y que el gobierno “sigue muy de cerca” la evolución del brote.

El regreso de los Leopardos a un Mundial

En lo deportivo, la historia tiene un tono épico. La República Democrática del Congo vuelve a una fase final de la Copa del Mundo por primera vez desde 1974, cuando el país competía bajo el nombre de Zaïre. Medio siglo después, los Leopardos regresan.

El billete lo consiguieron en un playoff vibrante ante Jamaica, disputado en México. Aquella victoria les abrió la puerta del Grupo K. Tras medirse a Portugal en Houston el 17 de junio, se enfrentarán a Colombia en Guadalajara el 23 de junio y cerrarán la fase de grupos ante Uzbekistán en Atlanta el 27 de junio.

Sébastien Desabre ha armado una lista de 26 futbolistas con nombres de peso en Europa. Destacan el delantero de Newcastle, Yoane Wissa, el centrocampista de Sunderland, Noah Sadiki, y el lateral de West Ham, Aaron Wan-Bissaka. Una columna vertebral que combina potencia física, experiencia en ligas de alto nivel y una oportunidad histórica: llevar al país a sus primeras eliminatorias mundialistas.

No todo han sido buenas noticias en la confección del plantel. El central de Hibernian, Rocky Bushiri, incluido inicialmente en la convocatoria, se cayó por una sospecha de lesión en el tendón de Aquiles. Su lugar lo ocupa otro jugador de la Scottish Premiership, Aaron Tshibola, de Kilmarnock, que se suma a última hora a la aventura.

Nuevo mando en la federación: Mosengo-Omba toma el control

Mientras la selección se adapta a un Mundial atravesado por protocolos sanitarios, la estructura del fútbol congoleño también vive un cambio profundo. Véron Mosengo-Omba, ex secretario general de la Confederation of African Football (Caf), ha sido elegido presidente de la Fecofa, la federación de fútbol de la República Democrática del Congo.

La votación fue casi unánime: 60 apoyos de un máximo de 65, sin rival en las urnas. Mosengo-Omba había dejado su cargo en Caf en marzo tras cinco años en el puesto. Amigo universitario del presidente de Fifa, Gianni Infantino, siguió su estela desde Uefa a Fifa en 2016 y después desembarcó en Caf en 2021.

Ahora le toca dirigir el fútbol de su país en el momento más expuesto de las últimas décadas: un Mundial a la vista, un brote de ébola declarado emergencia internacional y una selección que, entre controles médicos y cambios de planes, quiere que el ruido sanitario no tape la música del balón.

La pregunta es clara: ¿podrán los Leopardos transformar esta preparación marcada por la incertidumbre en una fuerza competitiva cuando el balón eche a rodar en Houston?