Mbappé guía a Francia hacia cuartos de final contra Marruecos
Francia sudó mucho más de lo previsto para derribar el muro de Paraguay. Necesitó un penalti de Kylian Mbappé en la segunda parte para cerrar un 1-0 áspero, trabado, que la mete en los cuartos de final del World Cup, donde le espera Marruecos.
En el Lincoln Financial Field de Philadelphia, con 38 grados y avisos por calor extremo, el partido fue una batalla de nervios más que un espectáculo. 68.324 aficionados soportaron el bochorno. Francia, también.
Un partido incómodo, a la medida de Paraguay
Paraguay salió exactamente a lo que había ido: a incomodar, a enfriar, a rascar. Línea de cinco atrás, bloque bajo, pierna dura y todas las artes posibles para sacar de quicio a las estrellas francesas. Venían de eliminar a Alemania en los penaltis y olieron sangre: otro gigante a tiro.
Les Bleus monopolizaron la pelota desde el inicio, pero se estrellaron una y otra vez contra la muralla sudamericana. Posesión, sí. Profundidad, poca. Las ocasiones llegaban a cuentagotas y casi siempre desde lejos.
Manu Koné probó primero, con un disparo desviado por poco a mitad del primer tiempo. Tras el descanso, el centrocampista volvió a intentarlo y obligó a Orlando Gill a volar para desviar por encima del larguero. Eran chispazos aislados en un partido que se jugaba al ritmo que quería Paraguay.
El plan paraguayo incluía también el factor emocional. Y funcionó. Mbappé, cada vez más irritado, acabó en un rifirrafe a empujones con Andrés Cubas. Poco después, Matías Galarza tuvo un gesto de impotencia con un pequeño manotazo al capitán francés lejos del balón. El mensaje era claro: aquí no habría fiesta.
El cambio que lo cambió todo
Didier Deschamps veía que el guion no se movía. Michael Olise y Ousmane Dembélé no encontraban espacios, Bradley Barcola se apagaba en la izquierda y la circulación se volvía previsible. El seleccionador francés decidió agitar el tablero pasada la hora de juego.
Entró Désiré Doué por Barcola. Y el partido, por fin, se abrió.
Apenas llevaba unos minutos sobre el césped cuando el joven atacante encaró. Se lanzó a la conducción, se metió entre una maraña de defensores y cayó dentro del área tras un contacto claro de Diego Gómez. El árbitro uzbeko, tras revisar la acción, señaló el punto de penalti.
Mientras varios jugadores paraguayos intentaban destrozar el punto de lanzamiento con las botas, Dembélé se plantó delante para protegerlo. Pequeño detalle, enorme en un partido decidido por centímetros.
Mbappé tomó aire, miró a Gill y ejecutó con frialdad. Minuto 70, 1-0. La resistencia que había sostenido Paraguay durante tres cuartas partes del encuentro se vino abajo con el mismo recurso que le había dado la vida en la ronda anterior.
El Mundial de Mbappé, a ritmo de récord
El capitán francés vive un torneo descomunal en lo individual. Con este tanto alcanza los siete goles y vuelve a empatar con Lionel Messi como máximo goleador del World Cup. Sus números asustan: 19 goles en 19 partidos en Mundiales.
Se queda a solo uno del récord absoluto de Messi, que suma 20. Y lo hace con la sensación de que todavía tiene margen para acelerar.
No fue, ni de lejos, la exhibición ofensiva que Francia había firmado en otros choques del torneo. Paraguay no lo permitió. Pero incluso en un día espeso, con el juego atascado y las piernas pesadas por el calor, Mbappé volvió a encontrar la manera.
En el añadido rozó el segundo, en otra acción que pudo haber maquillado el marcador y el relato. No entró, pero ya no hacía falta.
Paraguay muere de lo que vivió
El equipo sudamericano no disparó a puerta hasta el minuto 90. Hasta entonces había vivido del orden, del oficio y de ese fútbol subterráneo que corta el ritmo y enciende al rival. Les alcanzó para llevar a Francia al límite, no para tumbarla.
Paradójicamente, después de eliminar a Alemania desde los once metros, su aventura se terminó precisamente con un penalti en contra. Esta vez no hubo tanda, ni épica, ni portero héroe. Solo la frialdad de Mbappé y la impotencia de un equipo que se quedó sin respuesta cuando tuvo que atacar.
Francia mira a Foxborough y recuerda 1998
Sin tormentas esta vez en Philadelphia —a diferencia del duelo de la fase de grupos ante Iraq, retrasado dos horas por la lluvia—, el único trueno llegó desde el punto de penalti. La pirotecnia se reservó para la noche del 4 de julio en la ciudad; en el césped, los fuegos artificiales franceses quedaron reducidos a un destello decisivo.
Francia regresará ahora a su base en Boston para preparar el cruce de cuartos, el jueves, en Foxborough frente a Marruecos, que se ganó su billete con un contundente 3-0 ante Canadá.
En 1998, los franceses necesitaron un gol de oro para eliminar a Paraguay en este mismo escalón del torneo. Después levantaron el trofeo.
Esta vez no hubo gol de oro, pero sí otra victoria mínima ante el mismo rival y el mismo horizonte: un título mundial al alcance de una generación que, con Mbappé al mando, ya no se conforma con ganar. Quiere dejar huella.
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