Logotipo completo Gol y tribuna

Mbappé y Haaland: El gran duelo que se tornó en la noche de Dembélé

Lo vendieron como el gran duelo por la Bota de Oro del Mundial: Kylian Mbappé contra Erling Haaland. Un choque de titanes, dos depredadores del área frente a frente en Boston Stadium.

Al final, uno se quedó sentado. Y el otro se convirtió en espectador de lujo del auténtico protagonista de la noche: Ousmane Dembélé.

El reciente ganador del Balón de Oro firmó un hat-trick en apenas 25 minutos de la primera parte y destrozó a una Noruega irreconocible. Francia ganó 4-1, cerró la fase de grupos con pleno de triunfos y mandó un mensaje nítido a todo el torneo: llega lanzada hacia New Jersey, donde sueña con levantar el título el 19 de julio.

Un plan arriesgado… y un castigo inmediato

La gran sorpresa llegó una hora antes del inicio. En la alineación de Noruega no aparecía Erling Haaland. Ni Martin Odegaard. Stale Solbakken decidió que este último partido de grupo, con la clasificación ya asegurada, era el momento de rotar como nunca: 10 cambios de golpe.

“Una decisión obvia”, explicó el seleccionador, apoyándose en los informes del cuerpo médico y en las sensaciones de varios futbolistas tras el exigente duelo ante Senegal. La zaga entera, uno o dos centrocampistas, “muy afectados” después de 80 minutos. El mensaje: proteger piernas, pensar en el mañana.

El problema fue el hoy.

Francia salió con todo. Un arsenal ofensivo dispuesto a afinar puntería de cara a las rondas eliminatorias. Mbappé avisó en el primer minuto con un disparo que se estrelló en la parte inferior del larguero. Aquello fue la señal de lo que venía.

Con una Noruega desfigurada, sin sus líderes y sin su referencia ofensiva, Dembélé encontró un escenario perfecto. Espacios, dudas, desajustes. Y los castigó sin piedad.

Hat-trick en 25 minutos. Una exhibición de precisión y frialdad en el área. Francia se puso a navegar con el viento a favor y el partido dejó de parecer un duelo directo entre aspirantes a la Bota de Oro para convertirse en un monólogo azul.

Haaland, en el banquillo y con la mente en otra parte

La imagen de Haaland sentado en el banquillo, con cuatro goles ya en el torneo y sin poder influir en el choque, lo decía todo. Días antes, tras el 3-2 a Senegal que confirmó el pase a octavos, ya había rebajado el tono sobre este encuentro.

“No me importa demasiado ese partido ahora. Probablemente van a ganar contra nosotros. Probablemente van a ganar el torneo”, había dicho sobre Francia.

Su descanso se interpretó como una apuesta a largo plazo. Ian Wright, exdelantero de Inglaterra, lo resumió antes del encuentro: si Haaland necesita parar para llegar fresco a las rondas decisivas, lo hará. Noruega compró ese argumento. El riesgo estaba claro: regalarle a Francia un contexto mucho más cómodo.

La jugada pudo salir algo menos cara tras el descanso. Con Haaland todavía sentado, su sustituto, Jorgen Strand Larsen, tuvo en sus botas el 3-2 desde el punto de penalti. Falló. Ahí se esfumó la única opción real de devolverle algo de tensión al marcador.

El peaje de rotar: kilómetros y dudas

La derrota tiene consecuencias que van más allá del resultado. Francia, primera de grupo con tres victorias en tres partidos, se gana un camino más amable en lo logístico y, sobre el papel, también en lo competitivo. Su premio: un cruce de dieciseisavos en el cercano New York New Jersey Stadium el 30 de junio, ante el segundo de los grupos F o G.

Noruega paga un peaje importante. Basada en Greensboro, Carolina del Norte, deberá recorrer unos 1.100 kilómetros hasta Arlington, Texas, para medirse a Costa de Marfil ese mismo día. Si hubiera terminado líder, el viaje habría sido aproximadamente la mitad.

Pat Nevin, exinternacional escocés, lo describió con claridad en la radio: las distancias, los cambios de base, el desgaste extra de mover toda la estructura del equipo. Todo eso entra en la ecuación cuando se decide tirar de rotaciones masivas.

Su lectura es clara: Noruega ha priorizado llegar físicamente entera a los cruces, aunque eso suponga un camino más incómodo. Con un estilo tan físico, tan exigente en duelos y choques, perder dos jugadores clave por lesión en un partido intrascendente habría sido un desastre. Solbakken ha preferido blindarse ante ese escenario.

La otra cara: la afición y el “¿y si…?”

El precio emocional es otro. Miles de aficionados noruegos han invertido una fortuna en cruzar el Atlántico para seguir a su selección. Muchos soñaban con ver a Haaland y Odegaard retar a Mbappé y compañía en directo.

Cuando se conocieron las alineaciones, en las gradas de Boston Stadium se mezclaron la sorpresa y la resignación. Hubo cabezas rascándose, miradas de incredulidad. Aun así, la grada nórdica no dejó caer el ambiente: volvieron a sacar su ya tradicional celebración de la “fila vikinga”, esa coreografía en la que todos se sientan y reman al unísono. El espectáculo estaba en el césped, pero también en las tribunas.

Queda, sin embargo, la pregunta inevitable: ¿qué habría pasado con la “alineación de gala”? Nevin recordó un dato que ilustra lo que Francia podría haberse encontrado: Noruega tiene hasta seis jugadores por encima de los 1,93 metros, todos competitivos, con Haaland como punta de lanza. Un equipo así, con su once habitual, habría ofrecido un tipo de partido muy distinto, con menos espacios y más duelos aéreos.

Ian Wright confesó su sorpresa por ver tantos cambios, sobre todo después de que Noruega repitiera el mismo once en las victorias ante Irak y Senegal. El contraste fue brutal.

Historia, precedentes y un futuro inmediato

En la historia de los Mundiales, solo tres selecciones antes de Noruega se habían atrevido a hacer 10 o más cambios en un mismo torneo. España lo hizo en 2006 ante Arabia Saudí, ganó ese último partido de grupo y luego cayó 3-1 en octavos… precisamente contra Francia. Un aviso de que la rotación masiva no siempre trae premio.

El ejemplo positivo llegó en 2018: Bélgica rotó también con 10 cambios, venció 3-2 a Japón y después eliminó a Brasil 2-1 en cuartos antes de despedirse, otra vez, frente a Francia. Hay antecedentes para todos los gustos. Noruega sabrá en unos días en cuál de los dos caminos se inscribe.

El próximo examen está marcado: Costa de Marfil, en Arlington. Si supera esa barrera, la selección nórdica viajará entonces a New Jersey para un duelo de octavos el 5 de julio ante el ganador del Brasil-Japón. Ahí sí aparecerá Haaland desde el inicio. Ahí no habrá margen para reservas.

La apuesta ya está hecha. Francia se marcha de Boston reforzada y con Dembélé como protagonista inesperado de una noche que debía pertenecer a Mbappé y Haaland. Noruega, con sus estrellas descansadas pero con más kilómetros por delante, tendrá que demostrar ahora si este giro arriesgado fue un error… o el movimiento maestro que cambió su Mundial.

Mbappé y Haaland: El gran duelo que se tornó en la noche de Dembélé