El naufragio de Nice: fracaso y playoff decisivo
El pitido final no trajo alivio, sino estampida. Los jugadores de Nice corrieron hacia el túnel mientras sus propios ultras invadían el césped del Allianz Riviera tras un 0-0 gris ante Metz. Una escena violenta, caótica, que condensó en unos minutos años de frustración y el estrepitoso fracaso del proyecto de Ineos.
La temporada había arrancado con la ilusión de la previa de Champions League. Puede terminar en Ligue 2.
El empate en la última jornada condena a Nice a un playoff de descenso a doble partido contra Saint-Étienne a finales de mes. Un abismo deportivo y un desastre de calendario para Ineos, que busca desprenderse del club después de no haber cumplido la promesa con la que desembarcó en 2019: convertir a Nice en un aspirante real al dominio de PSG tras pagar 100 millones de euros por la entidad.
De la Champions al miedo a caer al infierno
La ecuación parecía sencilla: ganar en casa a un Metz ya descendido, que apenas había logrado tres victorias en toda la liga y ninguna desde la llegada de Benoît Tavenot en enero. Rival dócil, contexto ideal, objetivo claro.
Ni así.
Tavenot, que ya había enlazado 11 partidos sin ganar en Bastia antes de salir en octubre, cerró el curso con un balance estremecedor: cero triunfos, nueve empates, 18 derrotas y dos descensos. Y aun así, Nice fue incapaz de superarle.
Lo que sobre el papel era un trámite se convirtió en una montaña. La grada lo olió desde antes del inicio. “Mettez-vous en route”, en versión más cruda, tronó desde los fondos: “Poneos las pilas”. El ambiente oscilaba entre la rabia, un extraño aire festivo y la expectación.
Un tifo gigante homenajeaba al capitán Dante, que soñaba con despedirse del Allianz Riviera a los 42 años, quizá en su último partido en casa. Otra pancarta marcaba el siguiente destino: “Tous à Paris”, un llamamiento masivo para la final de la Coupe de France del viernes ante Lens.
En cuestión de minutos, la cólera devoró cualquier otra emoción. Igual que el miedo al descenso ha devorado el brillo de la final de copa. El propio copresidente Jean-Pierre Rivère lo dejó claro: ya no es “en absoluto” una prioridad. El equipo viajará al Stade de France con la cabeza en otra parte, como le ocurrió a Reims la temporada pasada: perdió la final ante PSG y después cayó en el playoff contra Metz. Yehvann Diouf, portero en aquellos tres partidos con Reims y hoy en Nice, sabe mejor que nadie lo que se juega.
Un proyecto desangrado
Las señales de alarma estaban ahí, pero casi nadie imaginaba este escenario. Los objetivos deportivos del curso eran difusos. Se hablaba de volver a Europa, sin especificar si vía Champions, Europa League o Conference. Nada firme, nada contundente.
Con Ineos volcado en Manchester United, el grifo se cerró en la Costa Azul. Salieron piezas importantes como Evann Guessand y Marcin Bulka. Sus sustitutos no estuvieron a la altura. Kevin Carlos, fichado para cubrir el hueco de Guessand, no ha marcado un solo gol en liga. Otros, directamente, dieron la espalda al proyecto: Mahdi Camara eligió Rennes antes que Nice.
Franck Haise levantó la voz en otoño. Se quejó de no tener plantilla para pelear por Europa y fue más allá: aseguró que ni siquiera podía “crear un grupo” con lo que tenía. La afición, ya irritada, empezó a cargar contra los jugadores, pero no solo contra ellos. El director deportivo Florian Maurice también quedó señalado, igual que Fabrice Bocquet, que llegó a ocupar brevemente la presidencia en lugar de Rivère.
La fractura se hizo visible en noviembre. Terem Moffi y Jérémie Boga fueron agredidos por aficionados cuando bajaban del autobús del equipo, a la vuelta de una derrota en Lorient. Ambos acabaron saliendo del club. Bocquet también se marchó. Haise no llegó a Navidad en el banquillo.
El regreso envenenado de Claude Puel
La solución elegida solo agravó la herida. Rivère decidió traer de vuelta a Claude Puel, convencido de que Haise había perdido la chispa. La separación fue “de mutuo acuerdo” en diciembre. Desde entonces, Puel apenas ha sumado dos victorias en 18 partidos de liga.
Sus planteamientos y alineaciones han sido triturados por la crítica. Pero el problema va mucho más allá del banquillo. En el Allianz Riviera, los silbidos acompañaron casi cada pase horizontal, cada ataque frustrado, cada cambio. En algunos momentos, resultaba imposible saber a quién iban dirigidos. Parecía que a todos.
La tensión subía por minutos. Al descanso, los ultras descendieron desde el segundo anillo al primero. No buscaban una mejor panorámica. El estallido llegó al final, con la invasión del césped y una noche de incidentes en los alrededores del estadio que se prolongó hasta bien entrada la madrugada. Empleados, invitados y periodistas quedaron bloqueados en el recinto hasta después de medianoche.
Puel concedió que la “decepción es legítima”. Rivère pidió “unidad”. Palabras huecas ante una brecha que atraviesa todo el club. Nadie parece tener la autoridad ni la credibilidad para coserla. Y con las negociaciones abiertas con posibles compradores, es probable que Ineos ya mire hacia otro lado. Si vende este verano, dejará detrás un paisaje de ruinas deportivas, económicas y emocionales.
Francia arde: Nantes, París y una liga al límite
Lo ocurrido en Niza no fue un caso aislado. La última jornada de Ligue 1 dejó imágenes duras en varios campos.
En Nantes, también descendido, el partido ante Toulouse ni siquiera llegó al descanso. Se suspendió a los 22 minutos. Los propietarios del club no acudieron al estadio por miedo a incidentes. Acertaron. Los ultras lanzaron bengalas negras y tomaron el césped en masa. Jugadores, árbitros y empleados corrieron hacia los vestuarios.
Uno se quedó. Vahid Halilhodzic, entrenador de Nantes, se plantó ante los aficionados, muchos con pasamontañas, y trató de hablar con ellos, de frenar la avalancha, antes de retirarse él mismo, con el rostro partido entre la angustia y la tristeza. “En 40 años de carrera como jugador y entrenador, nunca había vivido algo así. Se quedará profundamente grabado en mi memoria”, confesó después. Y será su último recuerdo en el fútbol: confirmó que se retira. Un adiós tan potente como doloroso para “Coach Vahid”.
En París, la noche dejó una postal muy distinta, casi surrealista. PSG ya había asegurado el título de liga a mitad de semana, tras vencer a Lens, pero no hubo ceremonia de trofeo. La idea era celebrarlo después del derbi ante Paris FC. El problema fue que el vecino, anfitrión en esta ocasión, no estaba dispuesto a ceder su fiesta.
Paris FC también tenía planes: había asegurado la permanencia en Ligue 1 y quería disfrutarla con su gente. PSG se vio obligado a improvisar una pequeña tarima delante del sector visitante antes del encuentro. Una celebración extraña, casi tímida, para un campeón acostumbrado a medir su éxito en otras competiciones de más brillo.
Luis Enrique ya había dejado claro que su mirada está puesta en la final de Champions League contra Arsenal. Se notó. PSG cayó 2-1 ante Paris FC en un partido irrelevante en la clasificación, pero muy revelador del estado de prioridades en la capital.
Mientras tanto, en la Costa Azul, Nice se prepara para dos partidos que marcarán una década. ¿Será el golpe definitivo a un proyecto que prometía desafiar a PSG o el último acto de orgullo antes de un cambio de era? La respuesta llegará en un playoff que ya se siente como un juicio final.
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