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Neymar cierra su historia con Brasil tras derrota ante Noruega

Neymar cierra su historia con Brasil: “Ahora se acabó”

En New Jersey, en el mismo césped donde todo empezó, Neymar puso punto final a su legendaria trayectoria con la selección de Brasil. No fue con una vuelta olímpica, ni con fuegos artificiales. Fue con lágrimas, un gol de penalti en el descuento y una eliminación dolorosa ante Noruega por 2-1 en los octavos de final.

El 10, con 34 años, habló entre sollozos ante las cámaras de TV Globo. Apenas pudo ordenar las frases, pero dejó claro el mensaje: el ciclo terminó.

“Lo intenté, lo intenté. Ahora se acabó. Empecé aquí, terminé aquí”, dijo, roto, todavía sobre el césped del MetLife Stadium.

Del primer gol al último, en el mismo estadio

La escena tiene un peso simbólico enorme. Neymar debutó con la absoluta de Brasil el 10 de abril de 2010, en un amistoso contra Estados Unidos, también en el MetLife Stadium. Aquella noche marcó en su estreno y abrió una era. Catorce años después, en el mismo escenario, firma el que puede ser su último tanto con la camiseta amarilla, otra vez desde el punto de penalti.

Entre un gol y otro, se construyó una carrera de dimensiones históricas con la selección. Si la decisión se mantiene, Neymar se despide como máximo goleador de Brasil, con 80 tantos. Superó a Pelé, que dejó el listón en 77 y que hasta ahora era el único brasileño con presencia en cuatro Mundiales. Neymar lo igualó este domingo, antes de anunciar que cerraba el capítulo.

En la tabla de presencias también figura en la cumbre. Solo Cafu, con 142 partidos, ha vestido más veces la camiseta de la selección. Neymar se marcha con 130, segundo en la lista, detrás del eterno capitán del pentacampeonato.

Un final marcado por las lesiones

Su último tramo con Brasil ha estado atravesado por el dolor físico. Su anterior gol con la selección databa de 2023, el mismo año en que sufrió la rotura del ligamento cruzado anterior, una lesión que cambió su calendario y condicionó su preparación para el Mundial de 2026.

Llegó a la cita mundialista entre dudas y con otra dolencia encima: una lesión en la pantorrilla derecha que lo dejó fuera de los dos primeros partidos de la fase de grupos. Brasil tuvo que aprender a competir sin su faro habitual mientras él apuraba plazos.

Reapareció a cuentagotas. Jugó apenas 15 minutos ante Escocia el 24 de junio, entrando desde el banquillo para recuperar sensaciones. Ante Noruega, en el duelo a vida o muerte de octavos, volvió a esperar su momento: ingresó en el minuto 67, con Brasil a contracorriente, buscando una reacción que no terminaba de llegar.

El equipo se volcó, el reloj corrió en su contra. La presión, al final, encontró un resquicio: penalti en el tiempo de descuento. Neymar tomó el balón. Silencio en el estadio. Ejecutó con frialdad y marcó el 2-1 que encendió una última chispa de esperanza. No alcanzó.

Una despedida sin vuelta atrás

El pitido final trajo algo más que una eliminación. Trajo la confesión que muchos temían escuchar. Neymar no habló de “pausa”, ni de “reflexionar”. Habló de final. De cerrar un círculo en el mismo lugar donde lo abrió.

No hubo grandes discursos ni frases preparadas. Solo un jugador que lo ha sido casi todo para su selección, reconociendo que el cuerpo y el tiempo pesan. Que la historia con Brasil, la suya, ya está escrita.

Quedan los números, imponentes. Quedan los goles, las noches de brillo absoluto, las frustraciones mundialistas y la sensación de que su talento marcó a una generación entera de aficionados brasileños. Queda también una pregunta que acompañará al fútbol de su país en los próximos años: quién recogerá ahora el peso de esa camiseta número 10 que, desde este domingo en New Jersey, ha perdido a uno de sus dueños más influyentes.