Inglaterra enfrenta a RD Congo en el tercer capítulo del Mundial
Thomas Tuchel ya lo advirtió: la fase de eliminatorias es “el tercer capítulo” de una historia que quiere terminar con Inglaterra levantando la Copa del Mundo por primera vez desde 1966. Todo lo anterior ha sido prólogo. Ahora, cada error puede convertirse en epílogo.
Tras el campamento de preparación en Miami y una fase de grupos solventada con oficio —primero en el Grupo L tras imponerse a Croacia y Panamá y empatar sin goles con Ghana—, Inglaterra entra en territorio hostil. Llega el cara o cruz. El miércoles, en Atlanta, le espera RD Congo en un Mundial que ya ha dejado claro que no perdona despistes a las grandes potencias.
Un Mundial de sobresaltos
Alemania, fuera ante Paraguay en los penaltis, con Julian Nagelsmann bajo fuego y el nombre de Jürgen Klopp flotando en el ambiente. Países Bajos, eliminada por la talentosa Marruecos, con la dimisión inmediata de Ronald Koeman. Brasil, salvada en el descuento gracias a un gol de Gabriel Martinelli frente a Japón.
El torneo se ha llenado de avisos. De golpes a la jerarquía. Tuchel lo sabe y lo repite: aquí se decide por márgenes mínimos. Una mala noche, un mal cambio, una lesión a destiempo… y la historia se rompe.
“Son partidos de márgenes estrechos. Puede ayudarnos a no sobre-exigirnos”, ha explicado el técnico en Atlanta, insistiendo en que no hay “ni un porcentaje de exceso de confianza” en su grupo.
El talón de Aquiles: la defensa
La gran preocupación está clara. No se esconde. Inglaterra tiene un problema atrás.
Wayne Rooney lo resumió sin rodeos en la BBC: el sector del campo que exige más estabilidad —portería y línea de cuatro— es precisamente el que más dudas ofrece. Jordan Pickford es fijo bajo palos, pero lo que tiene delante cambia demasiado.
Las advertencias ya estaban ahí antes del torneo. Tino Livramento se quedó fuera por lesión incluso antes del inicio. Reece James, castigado por problemas musculares recurrentes, llegó señalado por su historial. La lesión de isquiotibiales del capitán del Chelsea ante Croacia sorprendió a Tuchel, pero no al resto. Era un riesgo anunciado.
La situación se complicó todavía más cuando Jarell Quansah, su recambio natural en el lateral derecho, cayó también ante Panamá. Resultado: Inglaterra afronta el cruce con RD Congo sin James ni Quansah. Tuchel reconoce que ambos “están cada vez más cerca”, con Quansah algo por delante, pero ninguno estará listo para Atlanta.
Queda Djed Spence como último lateral derecho puro. O la opción de desplazar a Ezri Konsa a la banda y reabrir la puerta de la titularidad a John Stones. Nada de esto estaba en el guion ideal de Tuchel, que ha apostado por defensas versátiles, capaces de moverse por los dos costados y de saltar del centro a la banda según lo exija el plan.
La teoría seduce. En la práctica, Inglaterra llega a las eliminatorias con una zaga remendada y sin continuidad. Ante Croacia, Tuchel arrancó con Stones y Konsa en el eje en el 4-2. En el siguiente, cambió: Konsa y Marc Guéhi, con Stones fuera. A todo esto, el central de 32 años solo disputó cinco partidos de Premier League la pasada temporada antes de dejar Manchester City. Reece James, apenas 20 con Chelsea. Poca carga de competición, mucha responsabilidad ahora.
Y al fondo, un posible cruce de cuartos en Miami contra Brasil y Vinicius Jr. Un escenario que exige un especialista de élite en el lateral. Tuchel, por ahora, solo puede cruzar los dedos y confiar en que las “buenas sensaciones” sobre James se conviertan en minutos reales antes de que llegue un reto de ese tamaño.
El caso Rice: el jugador que no se puede perder
La victoria ante Panamá dejó otra verdad desnuda: sin Declan Rice, Inglaterra es un equipo mucho más vulnerable.
Tuchel había optado por reservar al mediocentro de Arsenal, cargado con una amarilla y arrastrando molestias en los isquiotibiales, además de un golpe en la pantorrilla sufrido frente a Ghana. Era una decisión lógica, casi obligada. Pero el partido expuso el precio.
Con Jude Bellingham y Morgan Rogers como interiores muy ofensivos, Inglaterra ganó creatividad y llegadas, pero perdió control. Concedió 13 tiros ante una selección muy inferior, sufrió cada contraataque y dejó a Elliot Anderson desbordado en el centro del campo, obligado a apagar demasiados fuegos a la vez.
Ante un rival de más jerarquía, el castigo habría sido severo.
Rice se ha convertido en el ancla imprescindible. Protege a una defensa cuestionada, corrige desajustes, ofrece salida limpia de balón, lee el juego como pocos y, además, aporta en el balón parado. Es escudo y lanzadera. Es estructura.
Si Inglaterra quiere llegar hasta el final en este Mundial, lo necesita sano y en el campo. No hay un sustituto de su nivel en esta plantilla. Tan simple como eso.
Saka, Bellingham y la delgada línea del riesgo
Otra decisión clave pasa por Bukayo Saka. El extremo de Arsenal tuvo su primera titularidad en el torneo ante Panamá, aguantó 63 minutos y dejó destellos de su talento habitual, pero sigue arrastrando molestias en el tendón de Aquiles.
Tuchel debe decidir si lo expone de inicio ante RD Congo o si lo reserva para un posible tramo final de partido. Demasiado pronto para forzar, demasiado importante como para renunciar a su desequilibrio.
Bellingham, por su parte, representa la cara más brillante de la apuesta ofensiva. Su presencia junto a Rogers aporta llegada, gol, personalidad. También abre espacios a la espalda. De nuevo, la manta corta: si atacas con más gente, defiendes con menos. Y con una línea de cuatro tocada por las lesiones, cada pérdida en el medio puede convertirse en un problema mayúsculo.
Un escenario perfecto… y sin excusas
Al menos, el contexto físico acompañará. El techo retráctil y el control de temperatura del futurista Atlanta Stadium, un coloso de 1.600 millones de dólares, protegerán a Inglaterra de la humedad asfixiante y el calor brutal de la ciudad. Nada de excusas climáticas. El entorno será de élite. El resto, dependerá de Tuchel y sus jugadores.
El seleccionador lo tiene claro: “Sabemos que estos son los momentos en los que hay que encontrar la manera de ganar. Hay que cavar hondo y jugar al máximo nivel”. Y asume la etiqueta de favorito: “Jugamos contra nuestras propias expectativas. Esperamos ir más allá de octavos, así que, ¿por qué el público no debería esperar lo mismo?”.
La frase encierra la presión real del equipo. Inglaterra ya no compite solo contra RD Congo. Compite contra la memoria de 1966, contra décadas de frustraciones, contra el ruido exterior que exige algo más que un papel digno.
Tuchel no puede permitirse errores en las alineaciones ni en los cambios. Sus jugadores tampoco pueden regalar minutos, desconexiones o concesiones atrás. El margen de maniobra se ha evaporado.
En un Mundial que amenaza con devorar gigantes, Inglaterra camina hacia su tercer capítulo con la defensa en entredicho, Rice como pieza sagrada y un técnico alemán que sabe que, a partir de ahora, cada decisión puede acercarle a la gloria… o empujarle directo al abismo de las sorpresas.
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